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Bombas Gens en Valencia

El espacio Bombas Gens es una antigua fábrica de bombas hidráulicas devenido a centro de arte. Estamos en Valencia, en la avenida de Burjassot, a las afueras del centro la ciudad, y se levanta una maravilla. Maravilla para los que les gustan las colecciones de arte privadas, los espacios que se han reinventado y sobre todo los lugares que son encuentros.

Era 1930, y Carlos Gens Minguet regentaba el viejo taller familiar que, con el tiempo, se ha convertido en una factoría dedicada a la fabricación de pequeña maquinaria, válvulas industriales y bombas hidráulicas. La marca GEYDA que ha creado junto con su socio, Rafael Dalli, está adquiriendo notoriedad y la empresa requiere una nueva sede que cumpla con sus nuevas necesidades.

Para su construcción, Gens buscó un arquitecto muy reconocido en la época, Cayetano Borso di Carminati, al que le encargó una fábrica con un diseño diferente e innovador. No sólo tuvo en cuenta los procesos de producción y especificaciones técnicas, sino también los trabajadores. Se planificaron duchas y comedores. El lugar fue creciendo poco a poco, siendo referente hasta 1991, año en el que cerró para siempre. El abandono y la falta de mantenimiento culminaron en un incendio en 2014. Punto de inflexión para volver a empezar una nueva vida. Poco después del fuego, Fundació Per Amor a l’Art adquirió el edificio para rehabilitarlo. Fundació Per Amor a l’Art es una fundación que busca actuar para mejorar el entorno. Destina recursos, equipos y materiales a atender, sobre todo a niños necesitados, investigar y divulgar enfermedades raras y contribuir al incremento de la sensibilidad artística en la sociedad.

Es aquí donde coge forma física en Bombas Gens. El espacio sobrecoge. En sentido positivo. Por las dimensiones que se le dedica al arte. Espacio para ver. Sobrecoge. La exposición que visitamos fue parte de la colección de la Fundación bajo el título “¿ORNAMENTO = DELITO?” y La Blancura de la Ballena de Paul Graham. En la primera se cuestiona la idea del ornamento, históricamente considerado secundario, y lo abstracto. En la de Paul Graham, el título hace referencia a uno de los capítulos de Moby-Dick (1851) de Herman Melville. Sugiere la ceguera del ser humano y la idea de que la persecución obsesiva de algo puede llevar a la destrucción. Esa ceguera, debida a una creencia determinada y que no permite ver lo que sucede en la propia sociedad, está en la base de la metáfora que Graham utiliza para su exposición. Todo en este espacio inmenso y abierto.

El lugar habla de públicos, con ese final. Y sabes que eso nos gusta. Futuros, siempre con ese final. Habla de públicos porque son “conscientes de que el público no existe, sino que se construye de manera más o menos efímera en función de las propuestas que se activen. Conscientes entonces de que hablaremos de públicos (tantos como personas nos visiten) nuestra voluntad es atender a todas y cada una de las distintas sensibilidades. Construir por tanto un espacio que gestione la diversidad y escuche el contexto es el principal objetivo, un proyecto que será por definición inacabado y se mantendrá en continua transformación, poroso, vivo”. Así que cierran redondo.

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