Allesandro Michele: La magia de Gucci

Un sabio humanista contemporáneo en Vogue Festival 2016

· 24/05/2016 ·
Allesandro Michele: La magia de Gucci

Ahora la que firma se mueve por Londres más que de costumbre. Londres tiene todo tipo de sorpresas y una es dar con todo tipo de personajes. Hace unas semanas desayunaba tarde en un café-centro de exposiciones en Hackney Wick cuando no podía parar de mirar al chico vecino, el de la mesa de al lado. Un chico grande y alto, que lucía una melena larga y una chaqueta granate que no pasaba desapercibida. Parecía, sí, de Gucci, pero no cuadraba con el perfil del chico, el lugar y le faltaba algo de brillo para asemejarse a esas mediáticas chaquetas acolchadas. Fin de la historia uno.

Alessando Michele VOGUE FESTIVAL

Al día siguiente fuimos a sentarnos a Columbia Flower Market, ese fabuloso mercado de las flores cada vez más hacinado de flores, músicos, compradores y cotillas. Y justo al lado, en el mismo margen de acera, el mismo chico de ayer. Con la misma chaqueta, la misma melena y los mismos anillos. Nos miramos, nos sonreímos y juntos, en silencio, vimos la vida, las flores, los compradores y demás cotillas y turistas pasar. Y a partir de aquí fue empezar a pensar sobre aquella energía peculiar de aquel chico peculiar. Fin de la historia dos.

Tendenciastv

Fue al cabo de unos días mientras deslizaba Instagram a un ritmo vertiginoso cuando percaté sobre una publicación de la cuenta de Idea, los superbooksellers de Dover Street Market. Allí aquel chico alto, con melena larga y la misma chaqueta granate. Era Alessandro Michele. Una conoce y ha visto a Michele, la prensa lo ha entrevistado a saciar, lo ha fotografiado a mansalva y es uno de los diseñadores más buscados. Pero al natural Michele es más alto de lo que parece, su melena es menos cuidada de lo que uno podría pensar y su energía es más auténtica, mucho más auténtica de lo que uno imaginaría de un personaje crucial dentro del mundo de la moda actual. Fin de la casualidad.

Alessandro-Michele-Vogue-GUCCI

Ahora empieza la historia. Alessandro Michele cerraba la última charla del Vogue Festival en Londres. Así que al decidí ir a ponerle voz  al gran y entrañable personaje curioso. Su charla cerraba los tres días de sarao que Vogue viene organizando en la capital británica. Un festival con precio de 25 libras para pasar el día y donde hacerte trenzas, comer cupcakes –sí, aún cupcakes-, pintarte las uñas, hacerte la típica foto para la típica portada de Vogue que podías compartir en tus redes sociales y cargar tu teléfono mientras bebes agua de coco haciéndote un selfie.

Vogue-Festival-2016-Londres

La charla de Michele era la última después de dos días donde uno podría escuchar a Grace Coddington, los fabulosos hermanos Gvasalia, Caroline de Maigret, Isabel Marant o Juergen Teller por un módico precio medio de 60 libras la charla. La audiencia de la de Michele era un «army» vestida Gucci de arriba abajo, abrigos, jerseys, el famoso traje pijama y demás total looks que recordaban aquellos primeros locos años del KENZO del tándem Lim y León.

El mercado está lleno de productos y la moda no es eso, es una idea que tiene que enamorar Clic para tuitear

Curiosidades aparte, escuchar a Michele fue escuchar la palabra ‘contemporáneo’ 28 veces, la palabra ‘belleza’ 52 veces y 12 pronunciar ‘presente’. Todo mientras una miraba obsesionada sus zapatos – una especie de bailarinas con tacón bajo y calcetines de deporte – y su manera de bailar las manos a ritmo de anillos y más anillos.

GUcci-Michele-VOGUE-festival

Michele habla en titulares, todo reza para ir directo a Twitter y conquistar a retuits audiencias con ganas de verdades y autenticidad. A los «por qués» Michele responde «porque no» y se presenta como un personaje de cara grande (eso es lo que ve cuando se mira al espejo) y nada serio. Es humor y cercanía, así se demuestra con las pausas espontáneas donde el público, ataviado con Snapchats que echan humo y Redes Sociales a punto de explotar, interrumpe a carcajada limpia alguna de sus grandes verdades.

Gucci-Michele-Festival-Vogue-2016

El ego de Michele es del de las personas imaginativas, trabajen donde trabajen y creen para quien creen. Una suerte de persona, un creativo loco que mezcla a la vez, con un inglés divertido, su pasión por lo contemporáneo y su obsesión por la belleza. Salió de Fendi, agradecido por trabajar junto al Señor Lagerfeld y con ganas de crear junto Tom Ford en Gucci. De esto han pasado 14 años y hace apenas uno que está al frente de la firma como director creativo.

Michele vive el presente y disfruta batalla tras batalla, no tiene miedo al a presión que le espera, pues eso sería pensar en mañana y de momento, él está en el ahora (y aquí vuelve a pronunciar la palabra presente). Habla de la ambigüedad y de lo que le fascina lo que está en medio. Lo que está entre dos mundos. Aquello de lo que uno no está seguro.  Y es desde este momento de «no compresión» desde donde empieza sus historias.

Alessando Michele VOGUE

Afirma empezar siempre de la misma manera, con una historia, con algo que no entiende, algo en lo que deberá profundizar, indagar, averiguar. Historia que lleva a la obsesión. Habla del Renacimiento, de su eterno amor por Florencia y por la idea de multiplicar, en moda, la idea de colores y formas en una belleza que no es dulce, tampoco vintage sino una belleza de aquellos que les gusta mezclar. Como su armario, su casa, donde uno encuentra zapatos que no le vienen, trajes que nunca se pondrá y jarrones y demás memorabilia que colecciona con locura.

Alexandra Shulman, editora ejecutiva de Vogue que conduce la charla, le lleva a hablar de presión, de tiempos y de estrés. Pero Michele responde tranquilo, hablando del poder del ahora y que es mejor no pensar lo que uno debe hacer, sino, simplemente, hacer.  Y aquí yo vuelvo a sonreír y termino afirmando lo que reza Michelle:  si uno no sabe que se va de viaje hasta mañana, hoy no hará la maleta, pero la acabará haciendo antes de volar. Justo la misma máxima que siguió para dar forma a su primera colección. Colección para la que tuvo cinco días, cinco días donde disfrutó batalla tras batalla, olvidándose, como le recordó su asistente de salir a saludar. «No es que no lo supiera, es que no me había parado a pensar en ello. Y sí, salí con el mismo jersey que llevaba desde hacía tres días»

Fotografía portada: Darren Gerrish para Vogue

Crédito fotografía: Indigital

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