En un contexto donde el ruido aprieta, las maneras de hacer, habitar y compartir más tranquilas emergen como solución y espacio necesario. El tiempo, la calma y la distancia se han convertido en algunos de los grandes atributos contemporáneos. Los espacios de consumo, entretenimiento y socialización más interesantes buscan precisamente eso: suspender el tiempo, desconectar del ritmo habitual y dar con una suerte de no lugar.
Aquí entra este espacio delicado, cuidado y repleto de referencias orientales que se entremezclan con el amor por las plantas, los aromas y una vegetación que, en formato de jardín aparentemente espontáneo pero minuciosamente diseñado, crea una atmósfera única. Nada de estética excesiva. Muy alejado de muchos proyectos de bienestar contemporáneo. Aquí todo se articula alrededor del agua, la temperatura, la vegetación y el tiempo. Una lógica sencilla: que el espacio ayude a respirar mejor.
Son las Termas de Casa Bonay. Al lado de Plaza Tetuan, escondidas sobre las cubiertas del hotel y ocupando una azotea que mira al mar, a otras terrazas y a esos patios tan propios del Eixample, cada vez menos frecuentes, donde la ciudad parece bajar algunas revoluciones.

En la última planta del hotel aparece una pequeña arquitectura del bienestar a cielo abierto. Sauna seca con luz infrarroja, hammam, baño de hielo y ofuro japonés conviven entre plantas mediterráneas y una atmósfera que se siente más cercana a un jardín secreto que a una azotea urbana. Un espacio pensado para grupos reducidos de hasta seis personas donde la experiencia sucede lejos de la lógica de acumulación que domina buena parte de la ciudad.
Detrás del proyecto aparecen dos nombres muy ligados al diseño y a Barcelona: Andreu Carulla y Fernando Martos. Dos perfiles acostumbrados a trabajar desde la relación entre materia, paisaje y experiencia, capaces de construir lugares que se recuerdan más por cómo se sienten que por cómo se ven.

Los circuitos propuestos —relajante, revitalizante o detox— funcionan más como excusas que como recorridos cerrados. La verdadera experiencia ocurre en otro lugar: en el contraste entre calor y frío, en la conversación entre cuerpo y arquitectura, en la posibilidad, cada vez más extraña, de dedicar cincuenta minutos a no producir nada. A ello se suman tratamientos inspirados en tradiciones orientales como el shiatsu, la reflexología, la acupuntura o el masaje ayurvédico, ampliando una propuesta que entiende el bienestar no como un consumo rápido, sino como una práctica de atención.
Y quizá tiene sentido que este proyecto ocurra precisamente aquí. Casa Bonay lleva años funcionando como uno de los hubs creativos más interesantes de Barcelona. No solo por su manera pionera de entender la hospitalidad o la restauración, desde propuestas como Bodega Bonay o los dulces japoneses de Tots Tao, sino también por todo lo que sucede alrededor: encuentros, conversaciones, sesiones de escucha, DJ sets, presentaciones y una comunidad creativa que encuentra en el hotel un punto de encuentro natural. Las Termas amplían esa misma filosofía. Menos ruido, más atención. Menos agenda, más presencia. Un lugar para salir, literalmente, un poco mejor de como entraste.
