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Paste Up: las paredes de Buenos Aires gritan

Es imposible caminar las calles de Palermo, La Boca o Colegiales mirando hacia el piso. Estos tres barrios de la ciudad de Buenos Aires, entre otros, son galerías del arte callejero que obliga a todo aquel que pasa cerca a observarlas. En las esquinas, casas y murales vacíos se despliega el arte urbano en todo su esplendor y en sus distintas versiones: graffitis, pinturas, stencils, posters.

Mientras nos acercábamos al Pasaje Santa Rosa, una calle angosta y de adoquines, nos encontramos con cinco artistas urbanos. Nos detenemos a observarlos. Cada uno de ellos lleva una bolsa que apoya en la vereda. Cruzan la calle y se ubican en fila frente a una pared. Se quedan mirándola. Después de algunos intercambios en voz baja, vuelven a sus bolsas, las abren y retiran botellas con engrudo, escobas y pegatinas, sus obras impresas en papel. En ese momento empieza la magia. Lo que supo ser un muro convencional se convirtió en una obra de arte compuesta por cinco estilos completamente distintos pero que juntos forman una pieza, un collage gigante y único.

Ellos son BA Paste Up, un grupo de cinco artistas urbanos con estilos diversos pero que utiliza la misma técnica: diseñar en soporte papel. Este conjunto no sólo se caracteriza por crear obras irrepetibles sino también por la espontaneidad. Su intervención en cada pared es completamente improvisada.

“La gran diferencia de este equipo es que encaramos el trabajo de una manera particular: encontramos un muro y lo invadimos, generamos un cambio radical al 100%. Ninguno sabe qué trae el otro. Por lo tanto, nunca sabemos qué vamos a hacer ni cómo va a quedar. Nos dejamos llevar por el momento”, nos explica Ale Giorgga, uno de los cinco integrantes.

Como toda expresión artística, el Paste Up también se caracteriza por ser una forma de transmitir, expresar, compartir y reflexionar sobre la realidad. “Somos un medio de comunicación no convencional. Somos veedores de lo que pasa todos los días y esta es nuestra forma de contar lo que vemos y sentimos”, cuenta mientras los demás miembros del grupo continúan pegando sus afiches, stickers o posters.

El grupo guarda sus cosas en las bolsas y continúa camino hacia el próximo muro donde la escena se repetirá prácticamente igual, como si fuese una coreografía ensayada. Sin que se dieran cuenta, a sus espaldas un transeúnte pasa caminando al lado de la obra que recién terminaron y todavía sigue fresca. El hombre caminaba hipnotizado mirando su celular cuando, de repente, como si alguien lo llamara por su nombre, levanta la vista y se encuentra con el mural. Lo mira. Pasan unos segundos y sigue ahí, congelado.

Esta pequeña escena cotidiana demuestra nuestra teoría: es imposible caminar las calles de los barrios de Buenos Aires mirando hacia el piso; sus paredes gritan y tienen mucho que contar.

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