The red room, un refugio temporal

'Entre todos, logramos transformar el espacio en una zona que evoca refugio, un no lugar donde la identidad y el movimiento podían explorarse sin restricciones'.

·
The red room, un refugio temporal play

La gente que vive en una gran ciudad está hecha a prueba de balas, no hay forma de hacer llamar su atención, acostumbradas a los modernismos, las tribus urbanas y las tendencias de las nuevas generaciones. Pero hace unas semanas P3, el espacio que acoge a artistas para hacer sus instalaciones y performance en el distrito del raval, se vistió de rojo con la obra presentada por Tomás Pintós, Mabel Olea y Emilia Arnold, las cuales no dejaron indiferentes a nadie. Hablamos hoy con Tomás para que nos cuente todos los detalles de la obra titulada: THE RED ROOM.

redroom

Bueno Tomás, te doy la bienvenida a este espacio, a esta entrevista, para conversar sobre THE RED ROOM. Somos seguidoras y admiradoras de tu trabajo, nos encanta el diálogo que se genera entre la fotografía y la performance, la intersección del éxito para contar una historia desde la emoción y la narrativa, pero hoy estamos aquí para hablar sobre THE RED ROOM.

Tomás, junto con Mabel Olea y Emilia Arnlod, dirigiste, creaste e interpretaste THE RED ROOM. ¿Cómo fue el proceso creativo para desarrollar esta experiencia performática? ¿Qué aportó cada una a la obra? ¿Era la primera vez que trabajáis en conjunto para crear una pieza como esta? 

El proceso creativo de THE RED ROOM fue muy orgánico y estuvo basado en el ser unas tontas. Hicimos una primera toma de contacto con Mabel para conocernos mejor y resultó muy divertido, nos ayudó a descubrir los puntos en común entre nuestros universos creativos. Fue una agradable sorpresa ver cómo, a pesar de nuestras diferentes trayectorias, compartimos visiones similares sobre el cuerpo y la identidad en el contexto performático. Esto facilitó que la creación fluyera de una manera muy natural.

Mabel y yo trabajamos juntos en la dirección coreográfica y de movimiento, desarrollando una narrativa física que Emilia y yo luego interpretaríamos en escena. Desafortunadamente, Mabel no pudo ser parte de la performance debido a compromisos laborales y otras producciones en las que estaba involucrada (¡este año ha sido intenso para todas, haha!). Esta colaboración no solo fue nuestra primera experiencia creando juntas una pieza como esta, sino que también nos abrió las puertas a un diálogo creativo profundo, donde cada una aportó sus ideas y experiencias para construir un espacio performático único.

Siento que THE RED ROOM es apenas un punto de partida, algo que tiene el potencial de crecer mucho más. Realmente espero que la obra haya dejado a la gente con resaca de volver a experimentarla; sería increíble que THE RED ROOM pueda repetirse y seguir evolucionando.

The red room tomas pintos

¿Con qué elementos jugasteis al crear el escenario en P3? ¿Qué importancia tiene el sonido en esta experiencia y cómo se complementa con la narrativa visual de la pieza? ¿Y la estética? ¿Podrías contarnos cómo lo convertisteis en un ‘refugio temporal’?

La estética busca simular un “refugio temporal” que funcionase como un entorno en el que la identidad pudiera explorarse de manera fluida y dinámica, casi como en un sueño o en un “no lugar” utópico, THE RED ROOM explora no solo el lenguaje del cuerpo y el sueño, sino también la construcción de una identidad que sentimos íntimamente nuestra, especialmente en el contexto virtual. En este espacio, buscamos evocar la sensación de un lugar en el que pareciera que tenemos todo bajo control, como en redes sociales, donde la identidad puede proyectarse de forma amplia y expansiva. Sin embargo, esta percepción de «control» es, en el fondo, ilusoria: mientras nos enfocamos en nuestra percepción individual, olvidamos que coexistimos en un mundo colectivo, lleno de otros que también expresan sus propias realidades.

La colaboración fue fundamental para convertir esta visión en realidad. Trabajé con la Tamara Perez en la dirección de arte y con Alberto de Blobs, quienes hicieron un trabajo increíble en la construcción de este “cuarto rojo”. Logramos crear un espacio que se sintiera como un limbo entre la realidad y la ficción, inspirados en referencias como el cuarto rojo de Twin Peaks y otros red rooms más oscuros de la cultura digital. Quería que el espacio tuviera una estética cinematográfica y única, y para lograrlo, le dimos al equipo de arte libertad creativa total, solo con la pauta de que todo fuera rojo (jaja).

El diseño de sonido, a cargo de Zoë Lena Rebecchi, fue otra pieza clave que aportó a la narrativa de la obra. Zoë fue impresionante en su rol como diseñadora de sonido; le di algunas pautas generales, pero tuvo total libertad para crear y realmente logró llevar el ambiente a otro nivel.  Zoë es una persona extremadamente sensible y sabía que haría un trabajo excepcional con el sonido, inyectándole con su toque personal, por lo cual fue un placer que sea parte del equipo. Su diseño sonoro complementa a la perfección la atmósfera visual, sumergiéndote en una experiencia sensorial completa y haciéndote sentir parte de este “refugio temporal” con elementos conocidos y del cotidiano.

No quiero dejar de mencionar el trabajo de Betania Romero y el equipo de maquillaje, compuesto por Jesús Alameda, María Lipchack, Sara Rodriguez, José Alex Jeans  y Roxana Bastias. Betania investigó materiales para crear un bodypainting blanco con manchas negras que resistiera todo el movimiento, un verdadero desafío que logró con una dedicación increíble. Estoy profundamente agradecido por el esfuerzo y la creatividad que cada miembro del equipo aportó a esta pieza.

Entre todos, logramos transformar el espacio en una zona que evoca refugio, un no lugar donde la identidad y el movimiento podían explorarse sin restricciones y donde cada espectador pudiera sumergirse en su propia interpretación y experiencia.

La obra explora la disolución de la identidad fija. ¿Qué reflexión sobre las construcciones identitarias buscas transmitir a los espectadores a través de esta experiencia? ¿Cómo se reflejó en la performance?  También describes el espacio como un punto de encuentro entre lo visible y lo invisible. ¿Cómo trabajaron en equipo para traducir esta idea en algo perceptible para los asistentes?

Con THE RED ROOM, invitamos a quienes vienen a visitar a nuestros dálmatas a reflexionar sobre la fluidez de la identidad y a cuestionar la noción de una identidad fija y estable. A través de la performance, planteamos que nuestra identidad no es algo rígido o estático, sino algo que cambia, se adapta y se disuelve, especialmente en los espacios virtuales donde constantemente redefinimos quiénes somos. La obra intenta reflejar cómo, en este entorno moldeado por y para nosotros, nos sentimos en control, pero a menudo ignoramos que nuestras proyecciones son solo una faceta de algo mucho más complejo y colectivo. Nos enfocamos en el «yo» que queremos mostrar, pero olvidamos que también compartimos ese espacio con otras realidades y percepciones.

Al igual que en los sueños, donde podemos adoptar roles y características distintas, en THE RED ROOM los performers exploramos la libertad de desprenderse de una sola identidad, moviéndose de manera que no representa, sino que expresa la multiplicidad del ser. Este acto permite a cada espectador encontrar una interpretación única de lo que observa, una invitación a identificarse y desidentificarse, a encontrar nuevas formas de ser y de ver. A confundirse y preguntarse qué carajo están viendo también.

La creación de un punto de encuentro entre lo visible y lo invisible fue fundamental para darle forma a esta experiencia. Como equipo, trabajamos con el objetivo de hacer perceptible lo intangible, permitiendo que el espacio sea una pieza fundamental, como un canal entre lo concreto y lo abstracto. Tamara Perez, en la dirección de arte, y Zoe Lena Rebecchi, en el diseño sonoro, jugaron papeles clave en este aspecto. Tamara creó un escenario que oscilaba entre lo familiar y lo surrealista, un lugar en el que la realidad parecía estar suspendida y que invitaba a los asistentes a dejarse llevar. Zoe, por su parte, diseñó un ambiente sonoro que complementa esta atmósfera, integrando sonidos que no solo acompañaban la acción, sino que también evocaban una dimensión invisible, como si pudiéramos escuchar aquello que no vemos.

Cada elemento –movimiento, escenografía, sonido y maquillaje– contribuyó a construir esta frontera difusa entre lo visible y lo invisible. Los performers habitamos ese espacio como si estuviéramos en un sueño compartido, dejando que el público percibiera nuestras identidades en transformación. Como si abriéramos nuestras mentes para que los espectadores pudieran ver nuestros pensamientos y explorar nuestra identidad fuera del «yo» cotidiano; es como si pudieran espiar nuestros sueños y nuestro inconsciente, conectando con esas facetas de nosotros que no suelen mostrarse en la vida diaria. Este espacio era un refugio temporal donde las identidades no se imponen ni se muestran de forma definitiva

the red room

La performance cuenta con dos momentos principales, con una activación a las 19:00 h. ¿Qué pasó en estas activaciones? ¿influyó el cambio de luz en el desarrollo de la pieza y en la experiencia del público? ¿Qué efecto se generó entre los espectadores?

Habitamos el espacio desde varias horas antes, y a las 19:00 y 20:00 h realizamos activaciones que funcionaban como momentos clave en la performance. En estas activaciones, tomábamos conciencia del “afuera”, del hecho de ser observados, y exploramos cómo nuestro comportamiento cambia cuando somos conscientes de que nos están mirando. Fue un intento de visibilizar el efecto de la “autoobservación”, algo que también ocurre en los espacios virtuales: al saber que estamos siendo vistos, nuestras acciones y expresiones se transforman.

El cambio de luz modifica la percepción del espacio y la atmósfera de la pieza, aportando una dimensión visual que refleja la transición de lo íntimo a lo público. La variación de luz enfatiza distintos aspectos de los cuerpos y del entorno, casi como si se tratara de dos momentos de un sueño en el que la realidad cambia bajo diferentes filtros. Por eso decidimos hacer dos activaciones: cada una ofrecía al público una percepción distinta del mismo espacio. Para quienes nos veían, este cambio generó un efecto de inmersión progresiva, permitiéndoles experimentar distintas capas de la pieza y observar cómo nuestras identidades parecían expandirse o retraerse bajo la mirada de los otros y la influencia de la luz.

Considerando que THE RED ROOM es un lugar para “terroristas cotidianos” que desafían una estructura social rígida, ¿cómo defines este rol del artista en una sociedad que a menudo ignora ciertas identidades? ¿Cuál es su papel en la escena actual? 

Ser artista, para mí, es una manera de habitar el sistema, de absorber y experimentar el mundo exterior. Creo que no tiene que ver con tu trabajo o lo que te dé dinero, es una forma de vivir y relacionarte con el mundo. 

Lo que me parece divertido del arte es que puede ser un registro del intento, de la experiencia y la búsqueda continua, del desarrollo de la identidad. En un momento histórico en el que muchas personas habitan entre mundos físicos y digitales, donde la identidad se configura constantemente, el arte tiene la capacidad de ofrecer espacios de exploración y libertad. Al crear refugios temporales como THE RED ROOM, donde las identidades se vuelven dinámicas, no solo estamos haciendo una declaración sobre lo que significa ser auténtico, sino también mostrando que existen alternativas a los límites impuestos. En este sentido, se  actúa como un “terrorista cotidiano”: alguien que desafía el sistema simplemente con su presencia, con su existencia. Nada más divertido que cuestionar y expandir los límites de la identidad y la pertenencia en un sistema que no siempre nos tiene en cuenta.

the red room

¿Qué esperas que el público experimente en este viaje performático? ¿Hay alguna emoción o reflexión en particular que desees que se lleven consigo después de vivir THE RED ROOM? ¿Podremos verla en versión extendida o en otro espacio?

La verdad es que nunca me ha gustado decirle a la gente qué hacer o qué sentir, jajaja. Prefiero dejar que cada persona viva la pieza a su manera, sin imponer una interpretación o una emoción en particular. No me atrae la sobreintelectualización de las obras, porque a veces puede sobrecargar de información lo que está ocurriendo, y quizás es más lindo que algo que se sienta y se experimente de manera más visceral. Si alguien ve THE RED ROOM y simplemente dice: “Ah, vi a dos personas pintadas como dálmatas en un cuarto rojo”, para mí está todo gratis todo gay. Lo importante es que la pieza haya sido vivida, más allá de lo que se puede racionalizar o explicar.

En cuanto a la posibilidad de volver a hacer THE RED ROOM, ¡nos encantaría! Lo que mostramos fue una versión simplificada, adaptada a la calle, pero definitivamente hay muchas más capas y detalles que podríamos explorar. Nos gustaría mucho hacer una versión extendida en galerías, museos, teatros o en cualquier espacio que quiera acoger este cuarto rojo con sus perritas. Estamos súper abiertas a que suceda nuevamente la posibilidad y si algún espacio siente la necesidad de dar cabida a este refugio, ¡que nos llamen! Quizá THE RED ROOM regrese para seguir lamiéndonos las patas woof woof.

 

Tendencias TV Selection

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrevistamos a Teresa Estapé · Joyería, escultura y artes gráficas

Entrevistamos a Teresa Estapé · Joyería, escultura y artes gráficas

'Artesanía cómo contracorriente a todos los procesos de aceleración'

Teresa Estapé, nacida en Barcelona y diplomada en joyería por la escuela Massana. La artesanía está en auge, no hace falta investigar mucho para darnos cuenta de ello. Cada vez...

Mood Store Barcelona · Haz tu anillo como quieras
play

Mood Store Barcelona · Haz tu anillo como quieras

Anillos personalizables, customizables e intercambiables

El arte de la joyería nos gusta, esas microesculturas de materiales diversos, con formas que visten y brillos que intensifican nuestra belleza. Seguro que has visto anillos de todos los...

Elisa Pomar: joyas en formato contemporáneo
play

Elisa Pomar: joyas en formato contemporáneo

4 generaciones ibicencas dedicadas a una misma profesión

Hemos visto las joyas de Elisa Pomar desfilando en los desfiles de Moda Adlib año tras año, y nunca ha dejado de sorprendernos con sus nuevos diseños. Es por eso...

Una visión de la joyería contemporánea
play

Una visión de la joyería contemporánea

Joya 2015

La joyería contemporánea tiene su máxima expresión en Joya, feria que la celebra desde hace años en Barcelona. Joya 2015 llega a su séptima edición...

Dulceida Jewelry
play

Dulceida Jewelry

Nueva York y Barcelona

Dulceida Jewerly es el nuevo proyecto de Aida Domenech junto a Sergi Pedrero. La blogger e influencer acaba de lanzar una colección de joyas ideadas y diseñadas por ella misma...

Mava Haze
play

Mava Haze

Psych Jewerly & Distorted Gems

Mava Haze es María Valls. Mava Haze es un universo de joyas y complementos inspirado en la psicodelia, la geometría, lo divino y lo misterioso. Es personalidad en estado puro....