Perreo literario
Las palabras y la cosa

Atención gourmets de la palabra, la cosa viene fuerte. Esto nos interesa a todos. Voy al grano, casi sin preliminares: follar con clase ya es posible.
Es en serio, poca broma. Estamos ante la mayor orgía léxica del año. Y me quedo corto. Gracias a «Las palabras y la cosa» (Blackie Books), adaptación y reinterpretación al castellano y al catalán de Ricard Borràs sobre la obra teatral de Jean-Claude Carrière, desde este mismo instante ya podemos convertirnos en verdaderos eruditos en materia léxico-sexual.
¿Es eso posible? ¿Un lubricante capaz de desatascar nuestra exigua y anquilosada jerga y hacer que la cosa fluya? Caray, sí. La tentación es grande. Una bicoca irresistible diría yo. Qué demonios, denme dos.
A través de siete cartas se nos describe de forma didáctica, humorística y hasta entrañable, como un erudito lingüista asiste pedagógicamente a una dobladora de películas porno ávida de alternativas a los obscenos y pobres diálogos con los que está acostumbrada a lidiar.
En la era del sexting. Donde nuestras cartas se juegan en Whatsapp, Tinder, Instagram, Facebook, Twitter, y otras discotecas de bolsillo, la soecifisticación sexual (de soez, sí) demandaba la revisitación de un texto de este calado. Sinónimos, versos, poemas, delicadas expresiones sexuales del Siglo de Oro, etc., en definitiva, la oportunidad de nuestras vidas para aprender a expresar de una vez por todas las mayores marranadas de la forma más refinada posible. Tal y como lo hacían Lorca, Quevedo, Cervantes, Góngora…, los literatos de las grandes ligas. Eso sí, sin olvidar ni obviar la nuestra, la cultura popular, la del vulgo. Pues la obra dota al lector de verborrea suficiente para que usar palabras y/o expresiones sucias devenga en libre elección y no en mero garrulismo de andamio.
aprender a expresar de una vez por todas las mayores marranadas de la forma más refinada posible Clic para tuitear
Como sucede con el mejor sexo todo comenzó con unos buenos preliminares. Un buen día, un tal Luís Buñuel (Viridiana, Tristana) y otro casi desconocido Jean-Claude Carrière (El artista y la modelo, La cinta blanca) decidieron apostar sobre cuál de ambos sería capaz de encontrar el mayor número de sinónimos de la palabra follar. A partir de ahí se animaron que dio gusto y la cosa devino en débauche literaria, que dirían nuestros amigos franchutes. A deshoras, entraron en escena Ricard Borràs, Alberto Blecua, y algún que otro filólogo más para adecuar el libro al castellano y al catalán. Gracias equipo. Lagrimita.
Aún siendo más concisa, Las palabras y la cosa, está a la altura de El gran libro de los insultos, de Pancracio Celdrán. Con su propia idiosincrasia claro está. Pues como muchas de las buenas obras, no tiene una sola etiqueta, ni un solo nivel de lectura: libreto teatral, novela folletinesca, diccionario del mete-saca, obra humorística…, pero sobre todo un trabajo de investigación exhaustivo, de alto, altísimo nivel literario.
Alguien debería considerar seriamente incluir «Las palabras y la cosa» dentro del sistema educativo actual, ya sea en clase de lengua, en teatro, o en la de sexualidad. ¡Maldita sea!, eso haría un gran bien a la atrofia léxica de la que adolecemos en relación al sexo. Lo sabemos. Nos despojaría de tabúes y palabras prohibidas, ayudando a democratizar y rescatar vocabulario en desuso. Porque algo está claro, necesitamos generaciones más preparadas. No solo en derecho, arquitectura, matemáticas, medicina, física, química…, etc. No, también sobre la cosa.
Con todo lo dicho, es comprensible que «Las palabras y la cosa» no sea un libro al uso. Una simple lectura rapidita. Un aquí te leo aquí te cierro. Para nada. La cosa va en serio. Es para toda la vida. Una historia de amor léxica. Estamos de suerte, la literatura libertina del siglo XVIII ha llegado para quedarse. Es moda. Desde ya. Y este un libro de estilo que enseña a tocar el tema del sexo con estilo. Ya no hay duda sobre lo que se estila. Me froto las manos, por no decir otra cosa.
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2 comentarios
jajajaja que graciosas las imágenes! Gran crítica
Una crítica muy buena! Fresca y directa, como supongo que será el libro. Entran ganas de leerselo «hasta el fondo»… jejeje