Nuevo verano en Nueva Aquitania
Como bien dicen ellos, este lugar es una invitación al descanso, la contemplación y el epicureísmo.
El nombre Aquitania hace referencia a los pueblos que habitaban esta región en la antigüedad. Se cree que la raíz del nombre Aquitani puede estar relacionada con el término latino aqua (agua), debido a la gran cantidad de ríos y cuerpos de agua en la región. La verdad es que pudimos disfrutar del agua durante nuestra escapada. De hecho, bañarse en un río en verano es mucho más divertido que hacer cola para colocar tu toalla en una playa abarrotada.
Me informé antes de pisar tierras francesas sobre la historia de esta región y sus curiosidades. Para mi sorpresa, el antiguo reino de Aquitania, antes de formar parte de Francia, fue un reino independiente y su historia es prácticamente interminable. A continuación, un salpicón de datos relevantes que llamaron mi atención. Esta tierra tiene un gran vínculo con la cultura vasca. Burdeos destaca como la capital y la cuna del vino. La prehistoria está presente en las cuevas de Lascaux con más de 17.000 años de antigüedad. Es una de las mecas de muchos surfistas en la Costa Atlántica. Ofrece una gastronomía exquisita donde destaca el foie gras. En ella se encuentra la duna de arena más alta de Europa, la duna de Pilat. Es también la cuna del rugby francés y uno de los escenarios más conocidos para el ciclismo y el Tour de Francia. Las Landas y su inmenso bosque enamoran a quienes las visitan. Sorprende toda su arquitectura romana y gótica. ¿Sigo? El clima templado. Bayona, su Festival de verano y su chocolate. Los mercados locales. El queso de Ossau-Iraty, uno de los más antiguos de Francia. La caza de la trufa. Las galerías subterráneas de Saint-Émilion. El tren de Artouste, uno de los más altos de Europa. Y así seguiríamos casi infinitamente.
En esta ocasión, nuestra incursión fue breve pero profunda. Pasamos por encima de la región, eligiendo muy bien los lugares en los que queríamos detenernos y nos tomamos el tiempo que quisimos para disfrutar de cada uno de ellos. Cinco días para parar. Descansar. Recogernos. Desconectar de pantallas, píxeles, videollamadas, cemento, ruido y gentrificación. Lo logramos. Pero el mérito no fue nuestro sino de los propios escenarios y sus respectivos anfitriones.
El primer pit stop, Arcachon
Ubicada entre Burdeos y la región de Las Landas, la bahía de Arcachon es una auténtica joya del patrimonio natural y cultural de Francia. El territorio se distingue por sus múltiples paisajes: puertos ostrícolas, playas de arena, pinares, la famosa península y su célebre duna. De sus 10 ciudades y pueblos visitamos Gujan-Mestras, pero antes nos alojamos en el nuevo hotel Les Vagues, un homenaje a los resorts costeros.
Situado en la propia bahía, Les Vagues está a pie de playa con unas vistas impresionantes al mar. El combo playa-spa es ideal para ir a apagar motores y regenerarse. Un buen detox en la sauna seca, otro en la sauna húmeda, chapuzón en la piscina y leer en la cama hasta la hora de cenar. Bajamos al restaurante (también con vistas al mar) y no pudimos dejar de pedir varios platos franceses, rematando con unos deliciosos quesos de la zona y cervezas artesanas. Como cenamos en el horario local, tuvimos tiempo para acercarnos al casco antiguo para dar una vuelta antes de despedir el día.
Me encantó ver cómo a lo largo de todo el pueblo habían habilitado carriles bici para que todo el mundo se moviera fácilmente a lo largo de la costa a pie, corriendo o en bicicleta. Nunca antes había pisado Arcachon, y ahora para mi es silencio, pausa, viento, salitre, casitas francesas con nombres en la fachada y luz de verano.

Nuevo día, nuevas aventuras. Tras un té con vistas panorámicas nos despedimos y pusimos rumbo a Gujan-Mestras, capital de la ostricultura en la bahía. Éste es un pueblo que combina la tradición marítima con una vida tranquila. Recordé el verano pasado, cuando estuve en la zona de Leucate, en el lado opuesto del país. Allí también pude pasear junto a los embarcaderos, frente a las casitas de pescadores con sus redes tendidas al sol y sus terrazas suspendidas sobre el agua. Desayunar ostras no nos pareció la mejor idea pero había algún valiente acompañando un buen plato de marisco de pan, mantequilla, limón y vino blanco. ¡Larga vida a las buenas tradiciones!
Les Sources de Caudalie, tres sueños en uno
Lo tenía en el radar desde hace tiempo. Es más, hace unos años me desvié de uno de mis viajes para visitar este pequeño edén, para entender más de cerca cuál era la propuesta y decidí que volvería en otro momento, con más tiempo y energía.
El trinomio en cuestión se compone del hotel Les Sources de Caudalie, el spa (y marca de cosmética ) Caudalie y la bodega de vinos Chateau Smith Haut Lafitte.
Detrás del proyecto se encuentran Alicia y Jérôme Tourbier, ambos dedicados enteramente al arte de vivir francés a través de una propuesta ambiciosa pero ejecutada de forma impecable. Es imposible intentar trasladar en palabras todo lo que abraza este lugar. Desde los espacios, el ambiente que se respira en cada uno de ellos, las sensaciones tanto de los interiores como de la naturaleza que le rodea, el saber hacer exquisito de un equipo muy implicado y todas las emociones que te asaltan a lo largo de la estancia.
Como bien dicen ellos, este lugar es una invitación al descanso, la contemplación y el epicureísmo. Todo ello sumergido en el corazón de los viñedos franceses del Château Smith Haut Lafitte e íntegramente ligado a la tierra, el sol y el agua.
Un lugar sincero y generoso en el que te sientes bien desde el momento en el que sales del coche y pisas el suelo. Sin duda, un lugar donde podrías (y quisieras) quedarte para siempre. No te deja indiferente porque allí todo tiene alma, el propio escenario, el equipo y todo lo que recibes, ves y percibes durante tu estancia.

Una combinación de bienestar, naturaleza y gastronomía.
Por la noche, cenamos en La Table du Lavoir, cuya propuesta celebra los productos locales y de temporada, con platos tradicionales de la región e ingredientes de su propio huerto. Todo ello en un entorno rústico y acogedor. Tierra y tradición en un escenario rural que nos emocionó.
Me encantó ver que también apuestan por el arte proponiendo una ruta entre los viñedos y a través de los espacios exteriores e interiores del hotel para descubrir distintas obras. Me emocioné con la obra de la artista Nathalie Decostier. Esculturas a diferentes escalas que caminan, se elevan o acurrucan y que representan la soledad inexorable, la complementariedad de los seres, el encarcelamiento, la huida hacia la libertad y la perfecta armonía.
La visita a este lugar debería ser obligatoria, para entender cómo es una experiencia de alojamiento perfecta, para disfrutar de un enclave único y para vivir cómo la tradición puede evolucionar y tener sentido en un contexto actual.
Un lugar armónico
El siguiente destino fue en el interior de la región, concretamente en el pequeño pueblo de Belvès. La Manoir de La Moissie nos esperaba. O más bien nosotras la esperábamos con muchas ganas.
Detrás del proyecto, o más bien delante, se encuentra Sierra Forest. Magnífico nombre para alguien con mucha fuerza y ganas de proponer un marco de creatividad en el corazón del Périgord Noir.
Sierra hace tres años decidió convertir una casa rural con encanto histórico en una residencia artística. Con una arquitectura tradicional y unos maravillosos jardines que le rodean, éste lugar es ideal para almas creativas que buscan tranquilidad y un lienzo en blanco sobre el que generar.
Sierra y su familia comparten su hogar y alrededores con los huéspedes. Cuatro habitaciones y una casa rural que, en primavera y otoño, reciben y acogen a artistas profesionales y emergentes de todo el mundo. El programa está abierto a distintas disciplinas (artes visuales, diseño, cine, música, arquitectura, teatro, danza…) y tiene como objetivo generar un intercambio creativo y reforzar vínculos con la comunidad local.
Todo ello enclavado en una región riquísima a nivel histórico, gastronómico y cultural, a muy poca distancia del río Dordoña (ideal para bañarse o llevarse unos quesos y un vino en formato picnic) y rodeado de numerosos castillos, ciudades medievales y arte paleolítico para visitar.
Los desayunos son marca de la casa. Despertarse, bajar las escaleras y empezar el día comiendo quesos de la zona, fruta de los campos cercanos, yogur y mermelada casera, distintos tipos de pan con mantequilla salada y pain au chocolat o croissants es algo digno de recordar y un momento al que volver muchas veces dentro de mi cabeza. Qué maravilla desayunar con tiempo, empezar el día sin prisa, llenar las tazas de café una tras otra mientras observas cómo despierta el día por la ventana. Las vacaciones son desayunar lento.

Un río, varios castillos y muchos adoquines
Como campo base, estábamos en La Moissie pero tuvimos algunos días para visitar la zona. Visitamos el pueblo de la Domme, una pintoresca villa medieval situada en lo alto de una colina con vistas panorámicas al valle del Dordoña. Sus callejones empedrados y casas de piedra conservan el encanto del pasado.
Pasamos por Chateau des Milandes, un castillo renacentista rodeado de hermosos jardines. También por la Roque-Gageac, un impresionante pueblo encajado entre un acantilado y el río Dordoña. Ver la magnífica postal de sus casas de piedra dorada merece la pena. Nos gustaron mucho Les Jardins de Marqueyssac, famosos por sus setos de boj recortados de forma artística. Arte paisajístico combinado con la propia naturaleza a través de caminos serpenteantes que llevan a miradores con maravillosas panorámicas.
También nos gustó el pueblo de Monpazier, considerada una de las “Bastides” mejor conservadas de Francia. Sus calles alineadas y su plaza central porticada donde tomar un vino sentada en una de sus mesitas bistró.
Pudimos visitar el Castillo de Biron, que se erige imponente en lo alto de una colina. Testigo de múltiples batallas y cambios de poder, hoy ofrece visitas guiadas que permiten descubrir sus salas y jardines. Y Beaumont du Perigord, un encantador pueblo medieval con una rica historia, su arquitectura gótica, fortificaciones y calles adoquinadas con un ambiente tranquilo y pintoresco.
Los desayunos de Sierra nos dejaron poco espacio para otros manjares pero fuimos a cenar a un par de sitios que ella misma nos recomendó y donde tanto el trato como lo que comimos nos encantó.
Uno fue el restaurante de Les Sources de Castelnaud-la-Chapelle. Conocido por su gastronomía refinada que refleja la rica cultura culinaria del Perigord. A destacar, los ingredientes locales, en especial la trufa, el foie gras y el pato. Fue bonito cenar mientras varios globos descendían desde el cielo con la luz del atardecer.
Planches et Ponk fue otra de las recomendaciones cuyo concepto es redondo. Tablas de quesos y embutidos de la región acompañados de algunos de los mejores vinos. Trabajan con productores artesanales y viñedos independientes por lo que la oferta es propia y auténtica. Lo lleva una pareja inglesa, Damon es el experto en quesos y Graham en vinos. Un equipo imbatible para lograr un resultado sencillo y ganador.
En algún momento del viaje di con esta frase: “No olvide ejercer su derecho al placer”. Entendí que el placer durante estos días fue disfrutar de estos lugares a través de la pausa, del silencio, de la observación de la arquitectura y del propio entorno. El placer fue tener tiempo para coger un libro y leerlo. No solamente para pasearlo dentro de mi maleta acumulando kilómetros, sino más bien para coleccionar arrugas, párrafos subrayados y crema de sol en la portada.
Artículo escrito por Marta Parera.
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