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Arte en forma de gallina humana

Nos acercamos al cristal y le preguntamos que qué está leyendo. “–Libros sobre filosofía– contesta.” Abraham Poincheval tenía un reto: estar de 21 a 26 días metido en una urna de cristal incubando a una docena de huevos. Es la última aventura que se ha propuesto este artista-performancer francés cuyas hazañas en forma de arte hace tiempo que dan de qué hablar. Hace unos días os contábamos que habíamos visitado el Palais de Tokyo para la presentación de Bugaboo, y en la misma ocasión, como una parte más del decorado, allí estaba él.

El Palais de Tokyo es un centro internacional de arte contemporáneo, para ser precisos el centro cultural más grande de Europa. Sus eternas salas, muchas de ellas cerradas al público, suponen un sinfín de puertas, de arte, de cultura, de pensamiento, de trozos de París. Se inauguró en 1937, por la Exposición Internacional, la misma en la que Picasso enseñó Guernica por primera vez al mundo. Su nombre, lejos de lo que hace pensar, dista de la cultura asiática: antiguamente estaba situado al lado de la Quai de Tokyo (la actual Avenue de New York). Entre sus paredes van alternándose exposiciones temporales que se cambian únicamente tres veces al año.

Desde el pasado 29 de marzo, Abraham Poincheval protagoniza una de ellas. Se trata de Oeuf, la exposición en la que decidió incubar a una docena de huevos durante todo su proceso, es decir, de 20 a 26 días. Encerrado en una urna de vidrio y expuesto al público, el artista parece inactivo pero interactúa con todo el que intenta comunicarse con él. Aunque con ciertas dificultades debido al cristal que lo mantiene aislado y que conserva la temperatura de 23º en su interior, la idónea para que nazcan los futuros pollitos. Una vez esto ocurra, Poincheval será el primer ser vivo que estos sentirán al nacer relacionándolo con una madre, por lo que deberá permanecer aún durante sus primeros días de vida para garantizar su supervivencia. Después, vivirán en la casa de campo de sus padres, según confirmó el artista a los curiosos.  

Esta es la primera vez que Poincheval interactúa en sus obras con seres vivos, pero no la primera vez que lleva sus performances hasta el extremo. Tan solo tres semanas antes de comenzar Oeuf, estuvo encerrado durante 8 días en una piedra tallada con su propia silueta. Anteriormente, también había estado durante siete días en una plataforma de 20 metros de altura frente la Gare de Lyon (París) o dos semanas en el interior de un oso disecado. Muchos lo consideran ya el discípulo de Marina Abramovic.

“Todo esto supone para mí un viaje interior, saber por mí mismo cómo se sienten las experiencias de la naturaleza”. Explorar la temporalidad del reino mineral, del animal e incluso del humano, Abraham Poincheval seguirá causando revuelos con sus actuaciones en forma de arte, con sus metamorfosis con la naturaleza. Y es que si el arte nunca ha entendido de límites, esta vez tampoco lo hace de especies ni de géneros.

Elisa Cuevas :