BIENNALE DI VENEZIA

DJs, Remix, Beat Box & Delay

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El pasado domingo 24 de Noviembre finalizó la 55th Biennale di Venezia. En esta edición, a cargo de Massimiliano Gioni, se pudo ver una obsesión por las maquetas, pinturas, barro, vitrinas, bocetos y prototipos de insistente clasificación y cierto aspecto outsider o de coleccionista que te hacían recordar el nombre de la edición de este año: The Enciclopedic Palace, la casa del conocimiento mundial, la cuna del siglo XIX, Diderot, los zoos, las colonias y lo universal. En medio de todos los papeles, maquetas y esculturas con ansias de recapitular algún tipo de categoría, hubo una figura que sorprendentemente se me fue repitiendo a lo largo de las visitas por el pabellón central y los demás pabellones: el DJ (remix, beat box y delay).

Entré en el pabellón central directa a la sala 2 escuchando de fondo el beat boxing mal hecho que los performers de Tino Seghal (ganador del galón de oro de está edición) estaban haciendo sonar. En el suelo tres performers, dos haciendo un rudimentario beat box y el tercero bailando para él mismo, movido por los sonidos de los performers-cajas de ritmo. Seghal, reconocido por el giro económico que ha conseguido con diferentes instituciones y sus dance-performances esta vez nos presenta este ritual continuo y a pequeña escala – una o dos personas haciendo beat box- y el otro bailando para tal. En medio de los diferentes ruidos producidos por apretones de labios y aire haciéndose sonar en medio de éstos se podían entender palabras cómo: «What you say? What you say?».

En el pabellón de Francia, Anri Sala presentó Ravel Ravel Unravel, trabajo videográfico compuesto de tres video-instalaciones, con la famosa pieza musical de Ravel Concierto para la mano izquierda. En la primera, el vídeo nos enseña el rostro de una mujer con cascos y de fondo va sonando la música de Ravel con diferentes variaciones de ritmo: está escuchando y/o jugando con Ravel. En la segunda vemos dos proyecciones donde en cada una aparece una mano gigante masculina, una mano izquierda peluda tocando el Concierto para la mano izquierda y aunque no la vemos, sabemos que está tocando junto a una orquesta. Aunque estas manos masculinas parecen del mismo personaje, cada una elige unos determinados pasajes variando así la coreografía de las dos manos y creando diálogos disonantes y cacofónicos en nuestros oídos.

Pasamos a la tercera y última sala y ahora vemos a la mujer del primer vídeo con una mesa de mezclas y dos platos. Si la pieza de Ravel fue creada por un cuerpo mutilado falto de la mano derecha, aquí la DJ remezcla, dirige y hace redondo, con la derecha y la izquierda, un concierto de Ravel grabado en el mismo pabellón donde ahora se encuentra la instalación fantásticamente montada.

Después de unos remixes, entré en el pabellón de Rumanía y ahí me encontré a cinco performers coreografiando una pieza que había sucedido en una edición pasada de la Biennale. Al cabo de mucho rato aguantando esta posición entendí el juego, ya que la formación se desplegó y uno de los performers se desplazó por la sala y presentó la nueva pieza, la próxima coreografía de una pieza presentada anteriormente en la biennale. Presentándola como un anuncio: nombre, año, pabellón, descripción formal y a veces descripción de intenciones, y una vez anunciada, algunos o todos los performers la coreografiaron con el anunciador, y si alguno de los performers no formaba parte de la coreografía esa vez, se disponían en la sala con nosotros, apoyados en las paredes blancas del pabellón rectangular y vacío.

Los cinco iban vestidos de lo más trash, con pantalones militares, faldas encima del pantalón, cejas pintadas de verde y todos con capuchas para taparse la cabeza dependiendo de la coreografía que estaban realizando. Y con esta pinta de ex alumnos que acabaron Bellas Artes hace siete años y las formas en que se miraban y te miraban a ti, de la poca solemnidad con la que hacían su trabajo donde no había cabida para escenarios, conseguían que la simplicidad frontal en la que se basaba su performance -anunciar y presentar con el cuerpo una pieza realizada anteriormente-, que ésta reducción aparentemente anecdótica girara a algo que no podía ser tan solo la ironía o la recapitulación de trabajos anteriormente mostrados en la Biennale, sino que te devolvía otra vez, como una bofetada, hacia la simplicidad misma de su «announcement», hacia el cuerpo y su coreografía ampliada en el tiempo mostrada ahora en esculturas humanas.

Y aquí quiero introducir la pieza del Pabellón de Polonia, Everything was forever until it was no more, de Konrad Smolénski, donde si antes hablábamos de «announcements» aquí tendremos el eterno (o para casi siempre) llamamiento. La pieza consistía en dos campanas hechas a mano dispuestas en medio de la sala, donde a determinadas horas se hacían sonar. Unos micros dispuestos junto a las campanas, grababan su sonido y al cabo de un tiempo que las campanas dejaban de sonar, el registro digital de éstas se escupía por un muro lleno de amplificadores enormes. Y después, otro delay más eterno: dos de las paredes de la sala estaban forradas de cajas de metal que resonaron y vibraron como último announcement. Del metal artesanal a la muralla de baffles y de ahí el sonido se reverberó y murió en las cajas de metal que forraban las paredes del pabellón.

Espectadores escuchando los delays en el pabellón de Polonia.

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