¿Qué cuentan los objetos sobre nosotros?
Metaobjetos para futuros mejores: SPOILA de Adrián Salvador Candela
«Vivimos rodeados de una sobreproducción constante que ha provocado una cierta desafección hacia los objetos. Los sustituimos antes de conocerlos, de repararlos o de establecer una relación con ellos.» Así resume Adrián Salvador Candela una de las ideas que atraviesa SPOLIA, su última investigación, presentada en formato de exposición y activada a través de una performance. Una mezcla de diseño, artesanía, performance y arte contemporáneo donde los objetos explican, se activan y nos hacen pensar.
Hablamos con Adrián sobre los metaobjetos, la memoria material, la sobreproducción, los futuros posibles y la necesidad de volver a construir relaciones más lentas con las cosas. ¿Por qué hay objetos que seguimos guardando aunque ya no sirvan para nada? ¿Una taza rota? ¿Una silla heredada? ¿Un juguete? ¿Un trozo de tela? Para él, los objetos no solo cumplen una función: acumulan tiempo, experiencias y afectos. SPOLIA, presentada dentro del Festival 10 Sentidos, propone entenderlos como archivos de memoria, identidad y vínculo, y abre una pregunta tan sencilla como necesaria: ¿y si la innovación consistiera en volver a relacionarnos con las cosas de otra manera?

¿Cómo ves el momento creativo y cultural actual?
Creo que vivimos un momento de cierto metahumanismo. Convivimos, por un lado, con un pensamiento bastante distópico sobre el futuro y, por otro, con una enorme confianza en la capacidad humana para imaginar otras formas de vivir. Eso ha favorecido una mirada cada vez más transdisciplinar, donde las fronteras entre disciplinas son mucho más porosas.
También percibo una gran euforia alrededor del sector cultural. Las redes están llenas de residencias artísticas, convocatorias, ayudas a la producción y programas impulsados tanto por instituciones públicas como por fundaciones privadas. En ese sentido, es un momento muy fértil.
Pero esa efervescencia también tiene su cara menos amable. Muchos proyectos nacen desde la urgencia, el cortoplacismo o una cierta superficialidad. A veces se sostienen sobre colaboraciones poco o nada remuneradas, o sobre discursos que parecen comprometidos pero que, en realidad, no tienen una implicación ética o social real.
A todo ello se suma la presión del turismo y del consumo cultural, que muchas veces transforma la experiencia artística en algo rápido, fotografiable y fácilmente consumible.
Desde hace varios años participamos como observadores en el informe anual de la Fundación Contemporánea sobre la situación de la cultura en España. Me parece una herramienta muy rigurosa para entender el estado real del sector, más allá del ruido que generan las redes sociales.
¿Por qué esta expo ahora? ¿De dónde nace la idea de dar forma a SPOLIA y cómo ha sido el proceso hasta convertirla en una exposición?
Como diseñador me formé pensando en la eficiencia, en producir y resolver problemas a través de los objetos. Pero con el tiempo, como artesano y como observador del entorno, entendí que no hace falta hacer más cosas si no van a aportar una reflexión o cuestionar aquello que ya existe.
Hace un año fui becario en la Academia de España en Roma, donde tuve la oportunidad de investigar espacios de creación que no están necesariamente ligados a lógicas económicas. Allí conviví con artistas, investigadoras y creadores de disciplinas muy distintas, y esa convivencia transformó profundamente mi manera de entender la creación. Me permitió construir una mirada mucho más holística.
SPOLIA nace como la continuación natural de esa investigación. Mis proyectos siempre dialogan entre sí y Roma abrió muchos caminos que todavía sigo recorriendo.
La exposición tampoco existiría sin la invitación del Festival 10 Sentidos, que este año decidió que formara parte de su programa. Es un festival que articula cada edición en torno a una cuestión social. En esta ocasión el eje era «Naturaleza Viva», poniendo el foco en la crisis climática y en nuestra relación con el entorno.
Las directoras conocían mi investigación y entendieron que dialogaba de manera muy natural con ese discurso.
Este proyecto me ha permitido seguir desarrollando mi práctica artesanal del ahormado sobre el cuerpo y, además, profundizar en algo que en Roma no pude terminar por falta de tiempo: la investigación sobre el metaobjeto y sobre cómo podemos reconstruir el vínculo entre las personas y los objetos.
¿Qué cuenta un objeto hoy? Y, entonces, ¿qué sería un metaobjeto?
Un objeto cuenta muchísimo sobre nosotros. Es una extensión de nuestras capacidades, de nuestros deseos y también de nuestras contradicciones.
Los objetos nos permiten hacer cosas, pero también construyen identidad. Hablan de cómo vivimos, de qué valoramos, de qué tecnologías desarrollamos o de qué sociedad hemos construido. Son auténticos archivos de una cultura.
Para mí, el metaobjeto consiste en ir más allá de la dimensión material o de la posesión. Es entender el objeto como un vínculo entre el ser humano y su entorno.
Vivimos rodeados de una sobreproducción constante que ha provocado una cierta desafección hacia los objetos. Los sustituimos antes de conocerlos, de repararlos o de establecer una relación con ellos.
El metaobjeto intenta recuperar esa relación afectiva, simbólica y casi biográfica con las cosas. Entender que un objeto no solo sirve para algo, sino que también nos explica.
¿Desde cuándo te llaman la atención los objetos y por qué?
Supongo que viene de mi infancia.
Mi madre siempre ha tenido una relación muy especial con los objetos. En casa convivíamos con materiales, maquetas de arquitectura, libros de manualidades y piezas artesanales que traía de sus viajes. Mi hermano y yo crecimos entendiendo que un objeto podía contener una historia, una técnica, una forma de mirar el mundo y, sobre todo, cómo nos proyectamos sobre ellos.
Recuerdo especialmente una retrospectiva de Verner Panton en el Museo del Diseño de Copenhague cuando tenía unos doce años. Fue la primera vez que entendí que existía una profesión dedicada a imaginar objetos capaces de transformar nuestra manera de vivir. Creo que ahí empezó todo.
¿Por qué hablar del presente desde un mix de tiempos? ¿Qué se consigue al mezclar relatos de futuro, pasado y presente?
Nunca habitamos un único tiempo. SPOLIA es la práctica que en la antigua Roma utilizaban para reutilizar elementos arquitectónicos o decorativos de edificios y monumentos antiguos para integrarlos en nuevas construcciones. Para mí es una metáfora de los procesos de diseño, pero también de nuestro mundo.
Interpretamos el presente desde la memoria y desde la imaginación del futuro. Al mismo tiempo, todas las civilizaciones han intentado comprender a las anteriores a través de los objetos que dejaron atrás.
La exposición funciona como un espejo. Nos invita a preguntarnos qué imagen de nosotros quedará dentro de cien o quinientos años. ¿Qué contarán nuestros objetos? ¿Qué dirán sobre nuestra forma de producir, de consumir o de relacionarnos con el planeta?
Me preocupa el sistema que hemos construido porque ha convertido, en muchos casos, la práctica del diseño en una maquinaria de producir objetos sin alma, objetos que generan un enorme impacto ambiental y que muchas veces tampoco consiguen hacernos más felices.
La exposición es Adrián Salvador Candela total: un cruce de diseño, artesanía, performance, gastronomía y arte contemporáneo. Eres un puente constante entre disciplinas. ¿Qué te da esa hibridación? ¿Qué te falta cuando trabajas de manera vertical y qué te aporta la horizontalidad creativa?
Cuando comenzamos nuestro primer proyecto desde Estudio Savage, una marca de moda a medida que luego se ha convertido en un estudio de diseño global, nuestras principales influencias venían de la gastronomía, de la arquitectura, de la danza, del arte contemporáneo o del diseño industrial. Lo que admirábamos eran modelos de pensamiento y de producción, no únicamente formas estéticas.
Con el tiempo he comprendido que necesito una visión holística para crear. Me cuesta pensar desde compartimentos estancos. Necesito establecer conexiones entre disciplinas porque ahí aparecen las preguntas más interesantes.
La especialización profunda tiene un enorme valor. Es la lógica del artesano que conoce un material hasta el último detalle. Pero si solo existe esa profundidad, corres el riesgo de perder perspectiva.
La horizontalidad, en cambio, permite conectar conocimientos muy distintos y construir proyectos más complejos y colaborativos, aunque a veces sacrifique profundidad técnica.
Creo que lo ideal es combinar ambos enfoques, lo que se conoce como perfil en forma de T. La barra vertical representa la especialidad profunda en un área y la barra horizontal representa la capacidad de colaborar y entender otras disciplinas.
Además, la expo se activa con una performance, coge vida, forma y relato. ¿Qué aporta a las piezas y a la audiencia?
La performance es la forma en la que los objetos encuentran su voz.
Las piezas podrían existir por sí solas, pero la acción les aporta la narrativa. Dejan de ser únicamente objetos para convertirse en acontecimientos.
También modifica la posición del espectador. Ya no contempla simplemente una colección de piezas; presencia una experiencia donde los objetos, el cuerpo y el espacio construyen un significado común. Ojalá les haga reflexionar o se vean reflejados en alguno de los temas que plantea la dramaturgia de la performance.
Me interesa que el público no solo entienda la exposición intelectualmente, sino que la viva.

Si dentro de cien años alguien encontrara una sola pieza de esta exposición, ¿qué te gustaría que pudiera entender sobre nosotros y sobre este momento histórico?
Me gustaría que entendiera que éramos una generación profundamente preocupada por el futuro.
Que fuimos conscientes de que el modelo de producción y consumo que habíamos construido era insostenible y que, al menos algunos, intentábamos imaginar alternativas.
Me gustaría que esa pieza hablara de una voluntad de reconciliación con nuestro entorno. De un deseo de volver a construir relaciones más lentas, más responsables y más afectivas con los materiales, con los objetos y con el planeta.
(Aunque en realidad lo que me gustaría de verdad es que se hubiese desintegrado sin dejar huella).
¿En qué andas liado ahora? ¿Qué estás leyendo, investigando, dibujando o explorando?
Ahora mismo sigo desarrollando el universo de SPOLIA.
Siento que esta exposición ha sido casi un prefacio. Quiero seguir presentando nuevas piezas y acciones que profundicen en la condición epífita de los materiales y de los objetos, en cómo se adhieren a nosotros y cómo nosotros terminamos habitándolos también.
Cada proyecto abre nuevas preguntas, así que intento entender mi práctica como una investigación continua más que como obras aisladas.
¿Tu última obsesión?
Ahora mismo es el pergamino. He conocido este último año uno de los últimos talleres de artesanos que lo fabrican en España y ha sido una maravilla poder trabajar mano a mano con ellos. Aprendo mucho de quienes generan la materia prima.
Me interesa muchísimo por todo lo que representa: es piel transformada en soporte de conocimiento. Desde un punto de vista formal, me permite seguir profundizando en la técnica de ahormado que aprendí en Ubrique y explorar las posibilidades que ofrece su cualidad traslúcida.
Sigo investigando sus posibilidades técnicas y simbólicas porque creo que resume muchas de las preguntas que atraviesan SPOLIA.



Tendencias TV Selection
Despiece de Vicente Ferrer
Se titula «Despiece» apuntando maneras y abriendo vestigios en nuestra imaginación. «Despiece» es la primera novela publicada de Vicente Ferrer. Esta publicada por la editorial Dos Bigotes. Vicente fue vegetariano...
JEFAS: Cocina, Historia y Voz Femenina en el Mundo Gastronómico
JEFAS nace cuando Luana, fotógrafa especializada en proyectos culinarios, revisa sus más de 10 años de archivo fotográfico y se da cuenta de la falta de mujeres chefs. JEFAS es...
CAPÍTULO 7: VANINA BRUC #PROFILES
Bienvenidos a la nueva sección Pop Up de Tendencias Tv de 8 capítulos: Profiles. Cada semana conoceremos a artistas emergentes, sus proyectos, sus intereses e inquietudes. Este formato se compone de la...
Terranova y su espacio físico en Barcelona
Parece que esta pequeña editorial naciera casi sin querer. Terranova empezó mirando hacia un lugar y pronto viró hacía los proyectos editoriales. Los relatos y las historias estuvieron en el...
Skyperoom 60 · FUTUROS · Contar · Belén Torregrosa
Una conversación sobre el oficio de escribir y narrar. Una conversación sobre la belleza. La belleza que queda cuando se ordena el caos. Una charla sobre procesos, sobre la necesidad...
Skyperoom #36 · Humor gráfico · Dalmaus
Dalmaus es activista de injusticias cotidianas. Gimnasta profesional de la creatividad. Defensor de los horarios laborales que tocan. Inteligente, directo y creativo. Empezó a dibujar con más dedos que años,...