UN VIAJE DE LUZ

'Asturias desde dentro hacia afuera'.

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UN VIAJE DE LUZ

Toda la vida he acumulado libretas atiborradas de frases que he ido encontrando. Muchas veces pienso que ellas me han encontrado a mi, incluso que me han asaltado. Me gusta seguir haciéndolo porque me fascina cuánta gente antes que yo que ha sabido poner en mejores palabras lo que siento y vivo a cada momento. Me hace pensar que todos vivimos lo mismo o, por lo menos, que vivimos parecido.

Para no acumular libretas y combatir el romanticismo que vive en mí, ahora es mi nube la que acumula todo tipo de pensamientos de otros en forma de frases. Eso y listados de palabras favoritas, proyectos futuros, viajes pendientes, listas de deseos, posibles nombres para vinos, links de podcasts que esperan a ser escuchados y mucha otra información a la que espero volver pero que, de momento, acumula polvo digital y ocupa píxeles en mi ordenador. Pero a las frases sí vuelvo. Mucho más que a las fotografías. En ellas encuentro refugio, respuestas, compañía y salvación. Son como un faro, algunas te guían, otras te anclan a suelo firme y otras las ves simplemente pasar como un destello de luz que te ilumina unos pocos segundos.

La buena costumbre de perderse

Leí un día a Rebecca Solnit diciendo que «Perderse es estar plenamente presente, y estar plenamente presente es ser capaz de encontrarse sumergido en la incertidumbre y el misterio. Y no es acabar perdido, sino perderse, lo que implica que se trata de una elección consciente, una rendición voluntaria, un estado psíquico al que se accede a través de la geografía.»

En otro momento y otro lugar, alguna mente sabia dijo que las buenas costumbres no hay que perderlas. Y a palabras necias, oídos sordos. Pero a palabras sabias, obediencia a cierra ojos. Así que ahí voy, a perderme de nuevo. ¡Como si lo que necesitara fuese una gran excusa! Con poco y menos me basta para estar en la puerta, maleta en mano. Esta vez pongo rumbo a Asturias con la ilusión tremenda de dormir en un faro. Sí, correcto, un faro. En una de esas listas de mi nube, un día escribí que dormiría en uno. En la intemperie, rodeada de silencio, viento y libros. 

Al cabo de poco descubrí un lugar maravilloso, el Faro Unkempt, y decidí que sería un buen momento para diseñar una ruta que girase a su alrededor. Llegaremos a ello pero antes y después sucedieron muchas otras cosas.

PAISAJE ASTURIAS

Hay que tener tiempo

Lo dijo Xavi Marcet en uno de sus últimos artículos. Hay que tener tiempo para un café y poder mirarnos a los ojos. Hay que tener tiempo para andar por el monte con nuestros pensamientos en la mochila y el aire fresco en nuestras miradas. Hay que tener tiempo para deshacer líos que, cual trampa escondida, nos agrietan la confianza. Hay que tener tiempo para disfrutar y no socializar la amargura. En nuestra agenda debe haber huellas de nuestra pasión. Y me quedé con todo, pero sobre todo con lo último. Trato que en mi agenda haya ese rastro que me conecta con la vida y con todas las personas que me descubren sus mundos.

Así que con mucho tiempo por delante, aunque siempre firmaría por tener un poco más, aterrizamos en tierras asturianas. En adelante, detallo una ruta salpicada de escenarios muy buscados y recomendados, y que han logrado conectarnos a las raíces y paisajes de Asturias. Probablemente lo vislumbraréis leyéndolo pero solo lo entenderéis visitándolos. Os animo firmemente a hacerlo.

Un baño de sidra

Si algo ha habido para regar este viaje ha sido sidra. Sidra a solas. Sidra en el mar y en la montaña. Sidra turbia. Sidra de hielo. Sidra comidas pantagruélicas. Sidra mezclada con brisa marina. Sidra a la luz de los faros. Y sidra a secas. 

Muestra de un gran lugar donde acompañar la bebida reina con buena comida autóctona es la Sidrería Muros. Sin duda, ofrecen una de las mejores cecinas que he probado hasta ahora. Al estar ubicado casi en la frontera con Cantabria, es un buen lugar para probar el borono (primo-hermano de la morcilla) y, por supuesto, la mejor carne de la zona. Rematar con quesos y membrillo es una buena opción. Empezar por este local es adentrarse en la gastronomía local por la puerta grande, y nunca mejor dicho, ya que la entrada es un inmenso tonel de madera como el que se usa para almacenar la bebida en cuestión.

 Libros y cuevas

En nuestro camino para adentrarnos a la Tierrina, paramos en una de las librerías más especiales del país. Un pequeño paraíso para los amantes de los libros, escondido en el tranquilo pueblo de Pimiango, ideal para tomar un aperitivo o una deliciosa comida entre estanterías repletas de tomos y lomos. Sin duda, la Librería de Pimiango merece una visita obligada. Subir hasta aquí aunque sea para tomar un café y seguir la ruta.

 Muy cerca de ahí se encuentra La Cuevona. Cuando me contaron que había un pueblo donde se elaboraba queso a mano y que solo se podía acceder a él a través de un camino que atravesaba una gran cueva natural, la fantasía aumentó por momentos. Nosotras por falta de tiempo recorrimos la carretera en coche pero muchos lo hacían a pie para cruzar al otro lado, donde el tiempo parecía haberse detenido.

cuevona

El ojo del mar

¡Y qué ojo! Quién nos iba a decir que en la playa de Vega encontraríamos un paraje como el que encontramos. Si una cosa me ha hecho feliz en este viaje es ver que en Asturias, la ley de costas aún preserva muchísima parte natural y parece que (por el momento) el cemento no ha invadido la primera línea de mar. 

En esta maravillosa playa, con la inmensidad enfrente, vacas en sus colinas y sesgada por rocas formadas por estratos, conocimos a Abel Álvarez; un auténtico amante de su tierra y su profesión. 

Güeyu Mar es el primer local que uno se encuentra al llegar a la playa de Vega y no pasa desapercibido gracias a un enorme pez rey que custodia la playa y el propio restaurante. 

Detrás de este proyecto hay un hombre que juega con fuego desde hace años. Y que gracias a su virtuosismo ha conseguido consolidarse como el rey de la parrilla en todo el territorio. Pero no solamente brasea los mejores productos del mar en sus parrillas sino que, tras un proceso complejo, laborioso y propio, posteriormente los enlata. 

Tras años de investigación, Abel ha conseguido elaborar y enlatar 100% artesanalmente los mejores productos del mar a través de una conservera propia. Pudimos probar el paté de sardinas y la experiencia fue impecable en sabor, aroma y textura. Os prometo que se ha pasado el juego. Ha reinventado el mundo conservero y cambia, por completo, la percepción de «comer de lata». Comenzó braseando y enlatando sardinas y continuó con navajas, berberechos, atún y mejillones. Ahora sigue investigando nuevas posibilidades para ampliar su oferta de conservas braseadas. El spoiler será pequeño, pero no podéis dejar de pedir «el rey de la casa» y la ventresca a la brasa. Nosotras lo acompañamos de pimientos del país y de un vino ancestral que redondeó lo que ya no tenía margen de mejora. La mano de Abel, el servicio del equipo y la pasión que se respira en este lugar es imposible que pase desapercibido.

gueyumar

Antes de despedir el lugar caminamos hacia el final del paseo para visitar El Miradoriu, el local que capitanea Luisa, su mujer. Se han hecho los guardianes del lugar, ¡Y qué suerte la nuestra! Luisa pretendía complementar y ampliar la propuesta de Güeyu Mar (ya que ahí solamente se come pescado y marisco) donde todo el mundo pudiera disfrutar de distintos platos elaborados con, también, muy buen producto y las mejores vistas del lugar. Evidentemente allí encontramos también alguna conserva, raciones generosas y una carta que cambia según la lonja y temporada.

mirador iu

Una noche brillante

Ubicado a orillas del pintoresco Río Nalón en San Esteban de Pravia, el Gran Hotel Brillante está cargado de historia. Aquí, no sólo duermes, sino que vives una experiencia única en un edificio donde se alojaron artistas como Rubén Darío, Sorolla y Fortuny, manteniendo la esencia de la mítica pensión ‘Brillante’ de 1905. Actualmente, el hotel ofrece 14 habitaciones exteriores y 8 residencias privadas. Un verdadero homenaje a la luz natural y los materiales nobles tanto en las habitaciones como en el comedor de la planta baja donde han decidido mantener la barra de mármol y las columnas de hierro fundido originales. Un lugar perfecto para disfrutar de un delicioso desayuno y una buena charla. De hecho, eso hicimos.

Además, San Esteban de Pravia es el lugar ideal para hacer senderismo, surf, SUP, SUP Yoga, rutas en bicicleta, paseos a caballo hasta excursiones en barco. Hay muchísimas opciones para cualquier amante de la naturaleza. Nosotras cogimos las bicis antes de volver a poner rumbo a nuestro siguiente destino y nos despedimos del puerto y de sus antiguas grúas. 

brillante asturias

La vida farera, la vida mejor

Solo al llegar a Punta de Tazones te das cuenta que allí la atracción principal es la naturaleza, la luz y el silencio. 

Allí nos encontrábamos, receptivas a vivir unos días en nuestro «faro» para destinar nuestro tiempo a perdernos o incluso a perder el tiempo.

Y digo faro, pero no. Os avanzo de entrada que el Faro Unkempt es una preciosa casa de seis apartamentos ubicada en la colina donde se encuentra, ahora sí, el faro de Tazones. Lo sabía antes de venir, ya que había hecho la búsqueda pertinente, puesto que mi sueño, de primeras, era dormir bajo la gigantesca luz rotativa frente un inmenso acantilado que cayese sobre el mar. Y aunque espero vivir esa experiencia algún día..qué queréis que os diga, estos días he sido muy feliz sintiéndome una farera. A fin de cuentas solamente un pequeño sendero te separa de él y su luz te vigila día y noche.

Me quedaría corta hablando de todo lo que allí se llega a experimentar rodeada de un paisaje rebosante de vida. Los mejores atardeceres, los caminos teñidos de eucaliptos, laureles y hortensias. Te visitan pájaros, te abraza una arquitectura sobria y recta, observamos los vecinos (ya mayores) cuidando sus huertos con herramientas antiguas, brindamos en el porche por una noche más y por un día menos. Me encontré buscando qué apariencia tiene un Rorcual (o ballena de aleta) porque el nombre de nuestra habitación era justamente ese debido a que el puerto de Tazones tiene un pasado pesquero ballenero. Y así es todo, historias que se imbrincan, conversaciones teñidas de color, días eternos y noches de luz. Emoción en estado puro que sale estricta y únicamente del entorno que rodea el Faro Unkempt.

Traducido literalmente, hablaríamos de un faro desaliñado. Pero este lugar no tiene nada de descuidado, sino todo lo contrario. Los detalles están pensados, el cuidado se percibe solo observando su jardín y el cariño lo recibes de los hermanos Del Pozo (y de su equipo) que, tras veranear allí toda la vida, decidieron ofrecer un lugar maravilloso y desenfadado, para que cualquiera que quiera rodearse y sumergirse de un entorno exclusivo lo pueda hacer fácilmente. 

A ellos les gusta decir que es una casa delante de un mar infinito. A mi me pareció el marco ideal para eternizar lo pasajero.

ukempt

Sidra de hielo

El faro fue nuestro campo base para visitar la zona durante varios días. Ya que nos encontrábamos relativamente cerca, otra de mis ilusiones era ir a descubrir cómo se elaboraba la sidra de hielo y para ello contactamos con la Bodega Masaveu, el templo de esta bebida.

El llagar de sidra Valverán, perteneciente a esta bodega, está situado en Sariego, corazón de la comarca de la Sidra de Asturias. Aquí, más de 20.000 manzanos son cuidados mediante cultivo ecológico integrado donde los verdes del paisaje se funden con los colores de las pomaradas perfectamente alineadas. Una vez pisamos el llagar, Esteban nos dio mucho contexto e información cuyos highlights os comparto.

Valverán es fruto de más de diez años de investigación y ensayos en un lugar dotado de avanzada tecnología enológica. Y de ahí nace la primera y más exclusiva sidra de hielo de la península ibérica, Valverán 20 manzanas. Nos contaron que su elaboración es un proceso lento que necesita tiempo y paciencia. El enclave ofrece,sin duda, el escenario perfecto para tenerla. Desde que se cosechan las manzanas en el llagar hasta su comercialización, transcurren dos años. Cada botella contiene el mosto concentrado de 20 manzanas como mínimo, y de este dato procede su nombre. (Lo que me gusta a mi el porqué de los namings…) Todas las manzanas utilizadas para su elaboración provienen de la pomarada propiedad del llagar y son variedades autóctonas asturianas. La cosecha de las manzanas es manual, se recogen en cajas y se seleccionan, para después triturar y prensar. El mosto obtenido y clarificado se congela a -20oC (de ahí el nombre «sidra de hielo») y, posteriormente, se fermenta durante diez meses a una temperatura controlada constante de 10oC para mantener intactas sus cualidades frutales y sensoriales. Después, pasa una crianza sobre lías finas de 12 meses en tanques de acero inoxidable antes de salir al mercado. Et voilà! 

Descubrimos una cara de la sidra que nada tiene que ver con la sidra «común» y marchamos felices con el elixir que acompañaría un delicioso surtido de quesos norteños unas noches más adelante. 

 Villaviciosa

Nuestros últimos días en Villaviciosa dieron para mucho. Visitamos su maravillosa ría con sus extensos arenales, y algunas de sus playas, Playa de Rodiles, playa Puntal y playa de Merón. Pero el tiempo, aun siendo verano, no nos dio mucha tregua. Así que nos conformamos con las vistas pero nos quedamos sin chapuzón. 

Una noche cenamos pescado de la zona en la taberna La Nansa, en el mismo puerto de Tazones y fuimos felices probando un delicioso bombón helado como el que se tomaban mis abuelos. Y otra optamos por La Regantina, un bar de carretera con buenos quesos, embutidos y probablemente el mejor Pitu (pollo) guisado que he tomado en mi vida. 

Villaviciosa nos trató muy bien, nos acogió y prometimos volver a por los lugares que quedaron pendientes. Pero perderse a veces tiene esto, que el ritmo es otro, que no se trata de llegar sino de disfrutar del camino. Pero reconozco que hubo un lugar al que me supo mal no haber ido por falta de tiempo. Al bar Soda 917. Donde hace siete años y medio, Kike Rojo aterrizó desde Barcelona directo de la mítica coctelería Negroni para montar su propio proyecto en medio de la nada. «El santuario de los cócteles y un lugar muy especial. No os puedo contar más, lo mejor es que vayáis.» nos confesaba (casi en voz baja) Carlos Gallego, chef del restaurante Los LLaureles, nuestro próximo destino.

Un restaurante destino

Merece la pena acercarse al restaurante Los LLaureles, en Torazo, capitaneado por los hermanos Carlos y José Gallego que decidieron abandonar el ajetreo de la ciudad para buscar un lugar donde pudieran vivir y desarrollar sus sueños. Fue así como encontraron este magnífico sitio.

Se dedican a dar toques creativos a productos locales, que ofrecen en un menú degustación de 12 platos en un comedor con tan solo 8 mesas. Además, el lugar funciona como un pequeño hotel con cuatro habitaciones. Ya os lo avanzo, un proyecto redondo.

El salón y la terraza ofrecen una vista impresionante del hermoso valle. Un cuadro en el que perderse y que cambia a lo largo de toda la comida. Pero no solamente proponen un menú creativo de alta calidad, sino que también dominan la sala para que todo el mundo vibre en una misma frecuencia y se sienta a gusto. 

Carlos tenía aspiraciones de ser futbolista, pero su carrera se desvió hacia la cocina. Durante los últimos años trabajó con Sergi Arola y para la familia Qtarí. Desde allí se trasladó a Asturias para abrir el restaurante donde su hermano Jose ya había inaugurado una casa rural. 

«Voy variando, porque cambio el menú cada tres o cuatro meses. Combino ingredientes locales (de hecho contamos con nuestro propio huerto) con productos que compro en otros lugares, ya que me gusta jugar y experimentar con los descubrimientos que hago durante mis viajes,» nos cuenta Carlos.

Esta temporada el chef se lanza con un menú muy íntimo y propio al que ha nombrado «Bienvenidos a mi cabeza». En un ejercicio de desnudarse creativamente frente el comensal, propone un seguido de platos y los acompaña de un pequeño lienzo pintado a mano (también hecho en casa) donde se muestra el plato, su proceso de elaboración y diseño creativo. Un viaje dentro de otro viaje. Algunos de los platos que más nos conquistaron fueron la cebolla, la patata, las fabes (cómo no) y el postre de guisantes. Un menú completísimo y que, además, tiene en cuenta el bienestar final del comensal. 

Las vistas, la propuesta gastronómica y el trato hacen que Los LLaureles cumpla con todas las expectativas.

laureles

Una última noche de luz

Y nada mejor que el Palacio de Luces para disfrutar nuestro último sueño. Este se trata de un edificio con una historia apasionante y ubicado en un contexto geográfico, olfativo, gastronómico, arquitectónico y paisajístico único.

Luces es un antiguo Palacio del siglo XVI rehabilitado, ubicado en el encantador pueblo marinero de Lastres, rodeado de un entorno natural privilegiado, entre zonas boscosas de tejos, hayedos, cerezos, pinos y acebos y a muy poca distancia del mar, con unas espectaculares vistas a la Sierra del Sueve, los Picos de Europa y el mar Cantábrico. En nuestra habitación percibimos que se buscó que las paredes fueran la prolongación de los paisajes que se ven por las ventanas, pero sin competir con ellos.

Según un dicho asturiano, “si no te gusta el clima, siéntate, espera cinco minutos y habrá uno diferente”. Esa es también la esencia de la luz asturiana: es cambiante a lo largo del día y de los días. Las escenas se iluminan con una luz muy diferente, brumosa por las mañanas, con el paisaje desdibujado por la neblina matutina, aclarando según avanza el día, hasta que todo se inunda de un sol brillante y amarillo que hace relucir la paleta de verdes de los campos sobre el fondo de un cielo tan azul como el azul de sus mares. De ahí el nombre de este maravilloso lugar. Descansar aquí es una mezcla de lujo, con diseño, atención al detalle, trato exquisito y servicio impecable.

Al mediodía, nos dirigimos al comedor, donde lo primero que acaparó nuestra atención fue una impresionante cristalera que regala unas extraordinarias vistas de la sierra del Sueve. Un cuadro incomparable pero parecido al que nos hemos encontrado en otros lugares este viaje..qué recuerdos del faro o de los LLaureles.

luces

El restaurante Tella es un homenaje a la tierra y al mar y mezcla lo más representativo de Asturias: Paisaje y Gastronomía. Dirigida por el Chef Francisco Ruiz, la oferta responde a una cocina de elaboración artesanal, producto ecológico, de proximidad y de temporada, a lo que Colunga ofrece, que lo incluye casi todo, de la legumbre al pescado, del marisco a la caza y al corral. Recetas tradicionales asturianas con la influencia de Las Indias.

Y lo hace de la mano de familias asturianas cuya forma de vida es su producto: las anchoas, los quesos, el yogur ecológico, el arroz con leche, las mermeladas, los pescados,  las hogazas artesanales o los huevos ecológicos. 

Quisimos hacer una visita final al pueblo de Lastres que permanecía impasible asomado sobre el mar. Allí, en el puerto, junto a las lonjas, encontramos un pescador en su garita arreglando una red de pesca a mano y, unos metros más lejos en coche, ya en el pueblo, nos sorprendió dar con una competición profesional de bolos asturianos, un deporte que se había perdido y que las nuevas generaciones lo están recuperando agarrándose con fuerza a sus raíces.

Gracias Asturias por no dejarnos de sorprender en todo el viaje. Hemos podido sentir los arraigos, los principios, la tierra en nuestras manos. A través del amor de sus lugareños, en los platos cocinados como lo hacían las abuelas de nuestras abuelas, en paisajes conservados y preservados de la mano del hombre, en deportes centenarios, en sabores ancestrales. Una tierra que ha luchado y trabaja por mantener sus inicios fuertes y bien cerca. Pero con la generosidad de compartirlo y abrir las puertas a cualquiera que quiera adentrarse en ella. 

Así concluye este “perdernos de nuevo”. Un viaje repleto de un sinfín de luces que nos han acompañado en distintos marcos y panorámicas rebosantes de vida.

 

Artículo escrito por Marta Parera.

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