MACÍAS: «Aún es pronto para ser feliz»

Un álbum debut que nace entre lo roto, lo tierno y lo inevitable del crecer en tiempos que no dan tregua.

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MACÍAS: «Aún es pronto para ser feliz»

Hay artistas que escriben para explicar el mundo, y otros que escriben para no desbordarse dentro de él. Macías pertenece a esa segunda especie: la de quienes convierten la vulnerabilidad en un método de estudio y la tristeza en un lenguaje compartido. Su álbum debut, Aún es pronto para ser feliz, irrumpe como una radiografía emocional de una generación que avanza sin mapa, entre la presión del presente y el vértigo del futuro, buscando un lugar donde respirar un segundo sin sentir que llega tarde a todo.

Hablamos con él sobre procesos, miedos, influencias improbables, política emocional y la belleza insobornable de crear desde un lugar honesto, incluso cuando la vida aprieta. Lo que sigue es una conversación abierta, cruda y necesaria: un intento de entender qué significa crecer cuando “aún es pronto para ser feliz”.

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Hola Macías, ¿qué tal? ¿En qué andas estos últimos días?

Muy bien, la verdad, disfrutando de la salida del álbum y metido en mi rutina: trabajar y hacer música.

La semana pasada se estrenaba tu álbum debut Aún es pronto para ser feliz. Es un título muy potente. ¿Es una aceptación de la pausa generacional o un statement melancólico sobre la dificultad de la plenitud en el contexto actual?

Es mi forma de reivindicar que, por dura que sea la vida y por mucho que caigamos en un agujero que nos haga perder la fe y las ganas de todo, aún es pronto para ser feliz.

El álbum se vuelve más “oscuro y roto” a medida que avanza. ¿Es ese “lado oscuro” donde resides más cómodamente como artista, o es una parada necesaria para valorar los momentos de luz?
Si me hubieses hecho esta pregunta hace un año te hubiese dicho que sí, pero en el punto en el que me encuentro ahora me siento identificado tanto con cosas luminosas como oscuras. Aunque siento que en lo roto y en la oscuridad, musicalmente hablando, me queda mucho camino por explorar y experimentar.

Las voces procesadas son una seña de identidad. En un disco tan personal, ¿por qué es importante para ti manipular o procesar la voz? ¿Es un filtro para la vulnerabilidad?

Es un gusto más que un filtro. A medida que me voy desarrollando como artista, aspiro a aprender a cantar cada vez mejor y desarrollarme como cantante, pero jugar con efectos, manipular y romper las voces es algo que me encanta. No siento que tenga que limitarme ni a cantar sin apenas efectos ni a solo usar voces distorsionadas.

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En el ecuador del álbum, en el track Viendo la muerta nacer del lugar donde estaba mi vida, nos encontramos con la sorpresa de un audio de tu madre. ¿Por qué dedicarle un tema exclusivo a ese audio? ¿Qué tipo de verdad solo podía ser expresada a través de esa voz?

Tenía muy claro que quería un interludio que llevase música y un audio. Estuve viendo cómo poder encajarlo y en qué parte del álbum meterlo, y este verano, un día que estaba bastante triste, hice esta canción. Llevaba una semana hablando con mi madre todos los días y rebuscando en su conversación para ver qué podía meter, di con eso, lo probé y dije: “esto es lo que quería”. Hay como una pena bonita en la forma en la que me habla; no fue intencionado, fue lo que tuvo que ser.

Tienes en el mismo moodboard a Robe de Extremoduro (el cronista de la frustración rock) y a Yung Lean (el arquitecto de la melancolía digital). ¿Cómo dialogan estas dos figuras tan dispares en tu cabeza? ¿Qué punto de encuentro encuentras entre la poesía cruda de los 90 y la estética sad boy actual?

No me parecen nada dispares; me parecen personas bastante conectadas, quitando la barrera generacional. Al final, mis influencias y referencias son personas que ponen las emociones y los pensamientos por encima de todo y cuya única forma de ser y entenderse es a través de esa mirada hacia dentro, hurgando sin miedo a lo que pueda pasar. El punto donde se encuentran ellos, para mí, es la sinceridad y esa forma tan especial que tienen de escribir y transmitir.

Me ha llamado la atención que, en el track que da nombre al álbum, dices la frase “el mundo está cambiando y nadie dice nada”. Es una línea que no solo describe un estado emocional, sino una lectura del clima social. ¿Qué te llevó a escribirla exactamente? ¿Qué cambios, en tu entorno, en tu generación, en la forma en la que la gente vive o se relaciona, te hicieron sentir esa especie de silencio colectivo?

Es un miedo con el que llevo muchos años: la velocidad a la que todo a nuestro alrededor cambia y el hecho de que no tenemos tiempo para reaccionar a hacia dónde va todo cada día. Todos sabemos en qué mundo vivimos y que realmente el mundo se está yendo a la mierda, pero no todo el mundo quiere hacer esa preocupación suya, porque ya bastante tenemos con nosotros mismos como para querer cargar con más.

Produciste y grabaste las 13 canciones junto a Ignacio López (Neutrogris). ¿Cómo se dividió el trabajo creativo y técnico en el estudio? ¿Fue una colaboración constante o hubo roles definidos (tú en la composición y él en la ingeniería, por ejemplo)?

Nunca había currado de manera tan orgánica y rápida con nadie, la verdad. El proceso creativo ha sido yo currar las canciones por mi cuenta en casa, ir haciendo demos y enseñárselas a Nacho. Entre los dos elegimos las mejores y nos juntamos una semana entera a currar a diario en cada canción. Yo he tenido claro todo el rato lo que quería hacer, y él también, pero sin duda aquí el maestro era él, y es una persona de la que he aprendido muchísimo trabajando juntos. Sin duda, este álbum no sería nada sin él.

Hablemos de “Perdiendo el tiempo” con Margarita Quebrada, la única colaboración del álbum. ¿Por qué ellos? ¿Cómo surgió esa sinergia y qué aportó Margarita Quebrada al mensaje o la atmósfera de ese track?

La colaboración viene de ser amigos, de estar currando juntos, enseñarle una demo y decir: “me subo a esta canción”. Coincidimos en ese punto y nos hacía mucha ilusión hacer una canción tan luminosa y bonita. Margarita aporta al tema dinamismo y mucha emoción.

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El álbum fue anticipado por varios sencillos (“Sigues sin poder verme”, “Perdiendo el tiempo”, etc.) con sus respectivas portadas. Se puede apreciar claramente una coherencia visual en todas ellas. El arte corre a cargo de Leopoldo Mata (LePolo). ¿Cómo fue trabajar con él? ¿Cómo se desarrolló todo el proceso creativo en lo visual?

Somos muy amigos, es una de mis personas más cercanas y siempre habíamos hablado de que en algún punto estaría guay trabajar juntos en un proyecto. El proceso creativo fue sencillo: yo quería una identidad visual que acompañara a todo el álbum, le di un par de referencias y él desarrolló los dibujos. El resto de cosas detrás de todo eso fue simplemente quedar, echar el rato, tirar ideas y experimentar. Es increíble y tiene un talento descomunal.

Llevas cinco años de carrera y has mencionado que llevas más de año y medio creando este álbum. ¿Por qué 2025 es el momento exacto para lanzar tu primer LP? ¿Qué maduración era necesaria para que el concepto se sintiera completo ahora?

Ha sido una maduración que en muchos momentos me ha desesperado, porque he estado muy perdido y no sabía cómo desarrollarme ni hacia dónde tirar, pero todo ese tiempo me ha servido para pensar, crecer y ver hacia dónde quería llevar todo esto. Era mi año y era el momento para sacar este álbum. Sé que es un álbum que pasará el tiempo y no me dará vergüenza ni pereza; podré mejorar y hacer cosas mejores, pero este álbum define un momento de mi vida, y eso me hace sentir muy orgulloso y feliz por haberlo plasmado de manera tan sincera.

Si este álbum es el reconocimiento de que aún es pronto para ser feliz, ¿tienes alguna idea de qué explorará Macías a nivel sonoro o lírico en el capítulo que se abrirá después de este debut? ¿Tienes algo planeado para los próximos meses?

Tengo claro que quiero explorar, pero eso no significa nada, porque lo que hoy es mi meta, mañana puede cambiar si algo me vuela la cabeza y giro 360 grados, quién sabe. Tengo mucha música y no dejo de hacerla. Solo quiero experimentar, mejorar todo lo que pueda y empaparme de todas las emociones y pensamientos que tenga o que puedan llegar. Para los próximos meses no hay planes: acabo de sacar mi álbum debut, quiero dar conciertos y que llegue lo más lejos posible.

Empezaba la entrevista preguntando por el título, y la acabo de la misma manera. ¿Cuándo crees que es la hora, entonces, de ser feliz?

Cada momento que se pueda es bueno. Poder valorar todo lo que tenemos y ser conscientes de que cada segundo se va, y que no podemos dejar que la vida nos coma. No voy de positivo ni mucho menos: para mí, la felicidad no es más que ser transparente con la realidad que tengo y conmigo mismo. Quiero vivir el momento y sentirme agradecido por la vida y las cosas buenas que tengo. Si estoy triste o jodido, pues lo estoy; lo acepto, veo qué puedo cambiar y cómo gestionarlo. Eso, para mí, forma parte de la felicidad.

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