EL DESPERTAR DEL BAJO EBRO

'Desear futuros, más que nunca, para existir en el presente'

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EL DESPERTAR DEL BAJO EBRO

Hace unos días, John Knnitel se cruzó en una de mis lecturas. “Se es viejo cuando se tiene más alegría por el pasado que por el futuro”, apunta. Y me hizo pensar.

En primer lugar, llegué a la conclusión que si eso significaba querer ser quien fui, no me interesaba. Hoy abrazo mis yos pasados, forman parte de mi y soy (también) todas esas versiones. Pero me gusta y me ilusiona más el camino, el rumbo y la forma que va tomando todo. Qué tendrá “el ahora” al que tanto le pedimos y el que tanto nos reclama.

Luego entendí que si mirar atrás significaba simplemente revisar(se) para medir distancias, tomar puntos de referencia, entender el origen y asumir el aprendizaje, entonces no me importaba echar una ojeada por encima del hombro. Incluso me emocionaba.

En cuanto al porvenir, nunca he sido de lanzar un dardo a la pared más lejana. De proyectar hacia el horizonte. Porque cada vez me sorprendo viviendo una vida que evoluciona y muta a cada segundo. Me siento cómoda en el cambio, me siento libre y eso me da paz.

Quiero pensar que, como Ursula K. Le Guin decía, “el adulto creativo es el niño que ha sobrevivido”. Pero eso no implica girarse para observar ese niño y volver a él constantemente, sino tener presente su espíritu a diario, cuidarlo y darle cobijo. De nuevo, el presente.

Y en todo este cruce de pensamientos, entre saltos de tiempo y líneas de vida, una vive y trata de ser. En lugares físicos y en espacios mentales. Y no hay nada mejor que ser y estar en escenarios donde disfrutar de una vida serena. Me gustaría compartir dos de ellos que, casualidad o no, han sido descubrimientos recientes en una misma zona del Bajo Ebro y que, sin duda alguna, son auténticos refugios para cuerpo y alma.

CASA HODEI

En el momento en que Mikel y Arai pisaron ese trozo de tierra, se dieron cuenta que era algo que querían compartir con el mundo.

Cayeron en la cuenta de que, a menudo, estamos muy desconectados de los lugares más primitivos, de lo natural. Y les pareció que esta pequeña finca les abrazaba, que era un escenario perfecto para compartir momentos que pivotaran alrededor de esta intuición, tan arraigada en ellos, de volver al origen.

Siempre vieron el campo y el proyecto como una oportunidad de disfrutar genuinamente del terreno, pero también de compartirlo abiertamente y de forma auténtica, a través de experiencias, propuestas o eventos que pudiesen acercar este sentimiento a todo el que tenga esa actitud. A esta pareja les apetece contagiar al resto esa misma sensación que les hace sentir tan bien. Les apetece ampliar los espacios de encuentro, de curiosidad y de creación, para dar a quien quiera, un poquito de lo que ellos reciben estando allí.

Casa Hodei es una pequeña joya escondida en un campo de olivos, tapada por un gran algarrobo y rodeada de silencio y calma. Justo en medio de ese terreno decidieron situar su refugio, un espacio de recogimiento, que nos conecta con nuestra esencia y que alberga distintas propuestas para acercarnos a todos a su universo.

Y lo han hecho junto con el estudio de arquitectura Test, los copilotos que han ayudado a materializar toda esa intuición en un proyecto tan singular. Un pequeño edén de 50m2 con dos espacios para dormir, una maravillosa cocina con chimenea y una ventana al mundo a través de la que observar un paisaje vivo y cambiante.

Hodei

casa hodei

SA BRISETA

Lluís y Emma dejaron sus mundos ligados a la arquitectura técnica y a la banca para construir y dar vida a otro lugar de retiro y desconexión. Por su profesión, Lluis se encargó más de la reforma, distribución y arquitectura, y Emma es quien actualmente gestiona y organiza retiros y talleres en este pequeño santuario.

“Este era el proyecto de nuestros sueños. Hacía años que teníamos en mente adquirir una casa de campo, en el Delta del Ebro, para reformarla con la intención de convertirla en turismo rural. Después de visitar diferentes masías y casas de campo, dimos con ella.”, comparte Emma.

Su principal fuente de inspiración han sido sus tres hijos, ya que la casa está muy pensada para disfrutarla en familia. Y su objetivo es que el huésped disfrute de la simplicidad en un entorno privilegiado y se empape de calma, paz y desconexión en plena naturaleza.

A Sa Briseta se llega a través de un largo camino entre olivos y le envuelve una energía muy especial que (re)carga e inspira. Hay distintas horas mágicas en las que la luz se filtra a través de las ventanas y las sombras de los árboles se proyectan en las paredes. El gran ventanal de la cocina es una panorámica perfecta desde la que observar cómo la vida avanza. Cocinar viendo pájaros entrando y saliendo de sus nidos o tomar un té en el porche con vistas a decenas de olivos que salpican el terreno. Descansar con ramilletes de flores secas suspendidas en el cabezal de la cama y que el olor de aceites esenciales escondidos en alguna de las estancias impregnen sutilmente la casa con olores mediterráneos que te trasladan a paisajes teñidos de verde. En Sa Briseta el tiempo no pretende detenerse pero cualquiera querría pulsar ese botón y vivir allí sin calendarios y sin reloj.

Dos rincones mágicos que permiten y facilitan conectar con el ahora. Puede ser en ellos o en cualquier otro lugar en el que una se sienta “en casa”. Porque importa que estemos pero sobre todo, que seamos. Carl Jung lo tenía claro cuando decía que “El privilegio de una vida es convertirse en quien realmente eres”.

ebro

sa briseta Ebro

Artículo escrito por Marta Parera. –> Otros artículos

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