Ellegalgo y los peligros del amor: pop romántico, ironía y vínculos en crisis
Entre la sátira sentimental, el agotamiento afectivo y la estética performática, Ellegalgo convierte Servicios Románticos en un disco sobre cómo habitamos hoy el amor, el deseo y la necesidad de ser vistos.
En una época donde los vínculos parecen funcionar bajo dinámicas de disponibilidad constante, gestión emocional y consumo afectivo, Ellegalgo construye un proyecto que transforma esas tensiones en lenguaje pop. Detrás de Servicios Románticos hay mucho más que un álbum de ruptura: hay una reflexión sobre los peligros del amor, el desgaste emocional y la teatralidad con la que intentamos sobrevivir a la intimidad contemporánea. Entre la ironía, el melodrama y una sensibilidad profundamente performática, el artista convierte la vulnerabilidad en una puesta en escena elegante, incómoda y muy humana. Conversamos con Ellegalgo sobre los peligros del amor, el pop romántico, las relaciones contemporáneas y cómo transformar el cansancio afectivo en música.

Lo primero que pensé escuchando Servicios Románticos fue que hay algo bastante triste escondido debajo de toda la estética elegante y medio irónica del proyecto. ¿Sientes que Ellegalgo nace más desde la vulnerabilidad o desde el humor?
Servicios Románticos es un disco de break-up: va naturalmente desde el enamoramiento hacia la caída y el post. Está ordenado para contar esa historia. Creo que el humor y la sátira terminaron siendo mi forma de lidiar con la tristeza y la desesperanza, para no caer en algo demasiado denso, cursi o pretencioso. El título acompaña esa idea: Servicios Románticos suena a algo reparador, pero también es ambiguo; maneja un tono más caliente, más cercano a un servicio de acompañante, tipo escort.
Me sorprendió cómo utilizas la idea de “servicio” para hablar del amor, porque hoy parece que cualquier vínculo viene acompañado de cierta lógica de atención al cliente, disponibilidad y gestión emocional. ¿Ese concepto apareció observando relaciones actuales o fue algo más intuitivo?
Un poco y un poco. El contexto en el que apareció Ellegalgo, por decirlo de alguna manera, viene de haber estudiado la carrera de Licenciatura en Economía, con lo que estuve muchos años trabajando en la corpo, hasta que ya no pude más. Mientras tanto, siempre hice música, pero al margen. Sentía que eran dos mundos incompatibles dentro mío, y recién entraron en una especie de simbiosis cuando dejé la oficina.
Me parecía interesante exhibir ese conflicto en la frase Servicios Románticos, pensando que el romance tiene algo puro y espontáneo, mientras que un servicio suena más utilitario y comercial. Pero con el tiempo entendí que no estaban tan en conflicto como creía. Las relaciones también son serviciales, se predisponen a ocupar lugares más o menos masoquistas. Y, en el contexto del disco, terminé pensando el “servicio” de dos maneras: por un lado, como una canción que acompaña un estado de ánimo particular; y por otro, como una persona que encarna y sostiene ese servicio.
Hay algo muy performático en Ellegalgo: el vestuario, el lenguaje, el “consultorio sentimental”, incluso la forma de cantar algunas frases. ¿Sientes que el personaje te permite decir cosas que quizá Horacio no diría tan directamente?
Voy a sonar medio hippie, pero termina siendo terapéutico, jajaja. De alguna manera el personaje soy yo, porque escribo a partir de las cosas que vivo, y al mismo tiempo siento que el proyecto me ayuda a entenderme un poco mejor. Pero sí, Ellegalgo exagera ciertas características, ciertos traumas, y hace gala de eso. Ahí aparecen otras posibilidades, otras formas de decir las cosas y, para una neurótica como yo, eso es estupendo.

Escuchando el disco tuve la sensación de que el proyecto juega mucho con la ironía, pero nunca termina escondiéndose detrás de ella. ¿Te da pudor escribir canciones románticas en 2026? ¿Crees que el pop actual le tiene miedo al ridículo?
Soy medio obsesivo de las relaciones humanas, me gusta el gossip y el kilombo; siento que no podría haber hecho otra cosa más que cantar sobre ellas. Me demoré tres años en componer Servicios Románticos, pero siento que en ese proceso pude darle cierta personalidad al disco. Descarté muchas canciones en el camino e insistí con el tema de la voz y el canto para que fueran el canal conductor del proyecto; que, junto a las letras, la performance y el baile para personas que no saben bailar, como yo, terminaran por definir un concepto.
Me parece que, en general, el pop es un género muy difícil y exigente, aunque a veces se lo tilde de superficial, porque detrás del envoltorio brillante la realidad es que hacer canciones de tres minutos sin margen de error requiere mucho trabajo y trabajo en equipo, por lo general. Incluso diría que puede llegar a ser medio snob y de alto presupuesto.
Igualmente, siento que el género ha evolucionado y, desde el auge del bedroom pop y las redes, hay mucha gente haciendo pop sin tanta estructura, y eso, para mí, ha traído mucha frescura en las propuestas. Yo soy bastante poptimista en ese sentido y pienso en proyectos como el de la Rebe o Oklou, que encontraron formas nuevas de hacer pop con mucha personalidad.
El disco parece asumir que enamorarse también puede ser humillante, incluso un poco absurdo a veces. ¿Te interesa rescatar esa parte menos glamurosa del amor?
Sí, totalmente. Y como viene de ser un disco particularmente de ruptura, creo que va mucho por ahí. El amor también tiene algo peligroso, y esos son los peligros del amor.
Hay una frase que se me quedó enganchada desde la primera escucha: “este Piscis se fue a nadar”. Como Piscis que también soy, me hizo gracia porque resume muy bien esa mezcla entre dramatismo y escapismo emocional. ¿La canción nace desde el cansancio de un vínculo o desde la necesidad de salvarse a uno mismo?
Jajaj, entre Piscis nos entendemos. Y como pescaditos que van para los dos lados, diría que la canción nace desde ambos lugares, porque parece que siempre estamos intentando salvarnos de algo. Pero particularmente 4 5 6 funciona como una cuenta regresiva invertida que va aumentando hasta ya no poder más. Tiene mucho de eso: del desgaste emocional, del cansancio, de ya no creer más y de esa sensación de ir alejándose.
Además, la repetición de los números vuelve constantemente en la canción: 1, 2, 3… después 4, 5, 6… y otra vez. Como si el vínculo estuviera condenado a repetir un recorrido que conocemos de memoria y del que, en el fondo, ya sabemos cómo va a terminar.

También me gusta que esa canción no plantee una ruptura explosiva, sino casi una retirada silenciosa. Más que rabia, transmite agotamiento emocional. ¿Crees que hoy nos cansamos afectivamente antes de dejar realmente de querer a alguien?
Me parece que conectar emocionalmente con alguien es más difícil de lo que parece. Si pienso en mis amigas más cercanas, ese grupo es re chico. Entonces, cuando encuentro algo así, me cuesta soltarlo, incluso cuando ya no está funcionando tan bien.
Más todavía siendo migrante. Yo tengo a mi familia lejos, entonces las amistades terminan ocupando un lugar muy familiar, y eso tiene tendencia a volverse endogámico. Entonces separarte de alguien no es solamente dejar una relación, también es desprenderte de toda una estructura afectiva. Por eso creo que muchas veces nos aferramos y las cosas pueden ponerse medio tóxicas.
Pero dejar de querer es otra cosa. Yo siento que no pierdo el cariño tan fácilmente, incluso aunque me aleje de alguien. Tiene que haber pasado algo muy grave, o muchísimo tiempo, para realmente dejar de querer.
Cambiando un poco de plano: ¿cómo fue grabar entre Barcelona y Buenos Aires? ¿Sientes que esas ciudades aparecen de alguna manera en el disco?
Ahora que me lo decís, es curioso que ambas tengan cuatro sílabas y empiecen con B. Igual, yo nunca viví en Buenos Aires: nací en San Miguel de Tucumán, en el norte de Argentina, que es el lugar donde crecí y al que le tengo mucho cariño. Pero de alguna manera siento que habité Buenos Aires, aunque sea digitalmente. Consumo muchísimo todo lo que pasa ahí y creo que hoy tiene una de las escenas de pop en español más interesantes. Ahí también está el sello del que soy parte, zona v.i.p, con artistas como Dani Umpi, Ceretti y Matt Montero.
Y Barcelona me parece una ciudad hermosa y burbujeante. De hecho, en Besos de primera cita, que abre el disco, nombro directamente la ciudad. Acá existen muchísimos colectivos y proyectos musicales buenísimos, como el de st frances, por ejemplo, así que siempre están pasando cosas interesantes.
Con Martín Fiumara, con quien también produje Servicios Románticos, llevamos Los Ángeles Estudio en Hospitalet, que funciona como estudio, proyecto educativo y espacio de encuentro para la escena local. Y creo que esa dimensión autogestiva también atraviesa el disco y mi manera de entender la música. Siento que eso es importante, sobre todo en una ciudad donde cada vez cuesta más sostener espacios culturales independientes y autogestivos.
¿Qué aportaron Martín Fiumara y Ezequiel Araujo al sonido de Ellegalgo?
Muchísimo. Son productores increíbles y siento que ayudaron a sacar adelante el disco vistiendo las canciones de un pop muy ecléctico. Martín, en especial, me acompañó durante todo el proceso y también en la materialización de lo que es el show en vivo.
Si bien hasta el tercer single no sabía que ese conjunto de canciones iba a convertirse en un disco, siempre tuve claro que la voz tenía que ser el elemento característico del proyecto para que tuviera sentido hablar desde ese lugar tan romántico.
Pienso a Ellegalgo más cerca de la tradición del cantante romántico performático que de la figura clásica de popstar. En ese sentido me siento más cercano a Sandro que a Madonna: hay algo del dramatismo, de la vulnerabilidad y de la intensidad emocional que me interesa muchísimo explorar.
Entonces la producción musical tenía que acompañar eso y sostener cierta elegancia. Yo compuse, toqué e hice maquetas, pero Martín y Ezequiel fueron fundamentales para que todas esas ideas terminaran teniendo coherencia y un acabado profesional.
A nivel sonoro el disco tiene algo muy detallista, pero nunca pierde ligereza pop. ¿Eres muy obsesivo con la producción?
Siento que en esta etapa del proyecto, y más siendo un álbum debut, me tocó estar muy atento a entender qué quería decir con el disco y el proyecto, y también cómo decirlo. Entonces no tenía pretensiones estéticas tan cerradas desde el inicio, sino que fue más un proceso de experimentación y descubrimiento. Ahí la participación de Martín y Ezequiel fue fundamental para poder transformar toda esa búsqueda y esas referencias en algo concreto.
Martín hizo una propuesta musical muy fuerte a nivel de diseño sonoro, con instrumentos analógicos y capas bastante complejas, que después pasaban por el filtro de Ezequiel Araujo, que tiene una sensibilidad muy especial para terminar de redondear todo hacia un lugar más pop.
También fue un proceso en el que aprendí muchísimo sobre producción. Creo que ahora tengo mucho más claro cómo traducir ideas a un DAW. Siempre me sentí más guitarrista o cantante, pero en esta nueva etapa me estoy enfocando más en esa parte del proceso.
Y después de hacer este disco, ¿sientes que entiendes mejor el amor o todavía menos? ¿Qué tienes en la recámara preparado para los siguientes meses?
Jajaj, amo esta pregunta. Siento que entiendo mejor los vínculos en general. Y eso también me hace construir relaciones más interesantes y profundas. De cualquier manera, siempre acechan los peligros del amor y, como diría Julio Iglesias: “tropecé de nuevo con la misma piedra”.
Para los próximos meses se viene la presentación en vivo del álbum en Heliogàbal el jueves 2 de julio, junto a Papa Topo DJs. También estoy preparando una serie de remixes del disco hechos por musicxs amigxs y algunos otros producidos en casa junto a Martín, para lanzarlos justo después del show. Además, la publicación del videoclip de 4 5 6 y algunas colaboraciones soñadas <3
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