Multiplicar maneras de hacer: KALEOS x Arquitectura-G
Una conversación con Claudia Brotons sobre identidad, materiales, y diseño preciso.
Hablamos sobre diseñar objetos. Diseñar desde diferentes puntos de vista, mezclando maneras de hacer y cruzando referentes, técnicas e inspiraciones. Hablamos de óptica, pero también de arquitectura. Hablamos con Claudia Brotons, directora creativa de KALEOS, sobre las gafas como objetos que se habitan, no solo se lucen; sobre cómo la forma es también lenguaje, sobre procesos creativos y sobre qué tienen de moda, vanguardia, diseño y calidad la segunda colaboración con Arquitectura G.
Tu trayectoria cruza business, moda, diseño de accesorios y dirección creativa. ¿Cómo se traduce ese mestizaje en una marca como KALEOS, donde la forma lo es todo? ¿Qué te atrajo del universo óptico, tan alejado a primera vista del lenguaje textil?
Cuando empecé a diseñar gafas pensé que sería un producto limitado, incluso un poco aburrido. Creía que echaría de menos trabajar con otras familias de accesorios. Pero descubrí justo lo contrario: es un objeto que, cuanto más conoces, más te atrapa. Cada milímetro importa. Aprendes a apreciar los detalles al máximo, tanto en diseño como en construcción. Dibujamos cientos de gafas —que desde fuera pueden parecer iguales— hasta encontrar la forma justa. En KALEOS tratamos las gafas como objetos, no como accesorios de moda.
En un momento en que las gafas dicen más que nunca, ¿qué papel juega este objeto en el vestuario contemporáneo? ¿Accesorio o arquitectura personal?
Para mí, las gafas son pura arquitectura personal. Van más allá de lo estético: definen tu identidad visual. A diferencia de otras prendas que rotan cada temporada, las gafas permanecen, conviven contigo, te atraviesan. En óptica, se integran en el rostro, y eso cambia todo. En KALEOS las concebimos como piezas de diseño, no como simples complementos. Cada línea, cada ángulo, comunica quién eres o quién quieres ser.
KALEOS equilibra exploración formal, diseño funcional y colaboraciones externas. ¿Qué te interesa de abrir ese proceso? ¿Qué habéis aprendido colaborando?
Tenemos una colección interna muy trabajada, con un hilo conductor claro. Pero nos encanta abrir el juego a colaboraciones: ofrecer a otros creativos nuestras herramientas y ver cómo interpretan el diseño óptico desde su lenguaje. Es un proceso súper enriquecedor. Ver cómo trabajan la forma desde otro lugar nos enriquece como equipo y como marca.
Arquitectura-G ya ha colaborado con vosotrxs dos veces. ¿Qué os une? ¿Y qué aprendisteis al compartir proceso con un estudio que viene de otro campo?
Uno de los fundadores de Arquitectura-G estudió óptica antes que arquitectura, lo que hizo que entendiera el producto de una forma muy precisa desde el inicio. Más allá de eso, nos encanta cómo interpretan la belleza y la forma. Su manera de construir desde lo cotidiano y resignificar lo simple conecta mucho con nuestra filosofía. Las reuniones con ellos son muy estimulantes: nos retan técnicamente y nos hacen exprimir más creatividad.
De titanio a acetato. De lo estructural a lo fluido. ¿Cómo fue reinterpretar una forma icónica en otro material? ¿Dónde está el reto cuando se parte de algo que ya existe?
Queríamos hacer una gafa que, a simple vista, parecería imposible fabricar en acetato sin recurrir al inyectado. Logramos una sección cilíndrica tanto en el frontal como en las varillas, ocultamos la bisagra en un cilindro de 5 mm, eliminamos plaquetas, y conseguimos todos los radios que queríamos entre aros y líneas perpendiculares. Y todo eso sin renunciar a la comodidad. Estamos muy orgullosos del resultado técnico. Quien entienda de gafas, sabrá valorarlo.
Fabricáis en Japón, a mano, en acetato de alta calidad. ¿Qué papel juega el proceso en tu forma de diseñar? ¿Cómo se equilibra precisión, ritmo y escala?
Diseñar una buena gafa es un proceso largo y minucioso. Aunque parte esté mecanizada, muchos pasos siguen siendo manuales. Para proyectos muy nicho como este, Japón es nuestra elección por su excelencia técnica, aunque nuestras otras fábricas también tienen una calidad muy alta. El proceso marca el ritmo y la exigencia. Sin obsesión por el detalle, no hay resultado.
La colección es geométrica, sobria, casi brutalista… pero también hay algo emocional, incluso sensual. ¿Dónde vive para ti la elegancia KALEOS?
Me alegra que se perciba así. Hacer una colección contemporánea, que sorprenda, esté bien ejecutada, tenga fuerza formal y lance más de 50 nuevos modelos cada temporada es un reto enorme. Requiere mucho tiempo de depuración, de decisiones difíciles. Muchos diseños nunca llegan a ver la luz. La elegancia está en ese equilibrio entre técnica y emoción, entre el rigor y lo que no se puede medir.
¿Qué te inspira más allá del mundo óptico? ¿Dónde estás mirando ahora, qué otras disciplinas te están atravesando?
Viajar siempre ha sido una gran fuente de inspiración. Este año he explorado más a fondo el Reino Unido: redescubrí Londres y me perdí en The Cotswolds, en plena campiña inglesa. Coincide con un momento en el que estoy fascinada por la cerámica británica vintage, así que fue el lugar ideal. También me inspiran lenguajes como la escultura contemporánea, la cerámica brutalista o el diseño de mobiliario. Siempre quiero aprender más desde ahí.
¿Y en clave de futuro? ¿Qué retos estáis dibujando como marca?
Seguir creciendo sin perder autenticidad. Apostar por la innovación formal sin caer en la repetición. Mantener la excelencia técnica. Y colaborar con creativxs que nos incomoden en el mejor sentido: que nos empujen fuera del lugar cómodo. En definitiva, seguir explorando sin dejar de ser KALEOS.


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